Pov: Helen
Caminamos a la mesa de billar cada uno por su lado y los asistentes del lugar nos dan un palo a cada quien.
Me quito los zapatos quedando más baja que él, noto como mira cada uno de los movimiento que hago.
— Primero las damas — señala la mesa.
Apoyo el palo sobre el suelo usándolo de sostén mientras lo observo tranquila.
— No quiero tener ventaja, usted primero.
— ¿Lista para perder?
— ¿Usted? — una risa burlona sale de sus labios mientras levanta las cejas.
Rompe el rack.
— Lisas, usted rayadas — remarca y el juego empieza.
No existe ninguna explicación lógica más que simple orgullo de mi parte para estar haciendo esto.
Es solo que este tipo me irrita.
Miro el tiro que hace metiendo una bola lisa, me mira desde su lugar, levanta la vista esperando que diga algo.
— ¿Quiere que lo aplauda? Pensé que eso se hacía con los niños menores de 3 años porque necesitan crear autoestima ¿Usted que tiene 30 años? — Se carcajea con una diversión notoria.
— Cerca señorita, estuvo cerca — se incorpora un poco y se gira para tratar de embocar una más, observo el ángulo sabiendo que embocara porque es notoria su buena puntería — Tengo 29 años, pero no debías ofenderme para que te dijera mi edad. — Arqueo una ceja, gira unos milímetros el palo cambiando la dirección de su tiro errando.
¿Lo hizo adrede?
Me deja lugar ya que es mi turno, me lo quedo viendo pero asumo que simplemente fue un mal cálculo de su parte.
Me inclino acomodando mi vestido que me molesta en los muslos para poder maniobrar bien.
Fijo la vista en la bola rayada roja, que es la que deseo embocar, luego vuelvo a la bola blanca dándome cuenta que estoy mal de ángulo, necesito un ángulo de 45 grados aproximadamente para poder embocar.
— No me interesa saber su edad, solo me extrañó su extrema necesidad de reconocimiento ante embocar una simple pelota en un agujero, si le cuesta a usted el tema de la puntería por agujeros — una risa se me escapa — Lo lamento tanto por ti — me inclino en el ángulo correcto deslizando el palo por mi dedo pulga mientras con el índice le doy dirección.
De un golpe certero la bola blanca impulsa la rayada roja embocándola sin ningún esfuerzo y sin que la blanca caiga con ella.
— ¡Qué chistosa resultó! ¿Tiene 15 años? — lo miro sin levantarme porque vuelve a tocarme a mí.
— Si quiere saber mi edad solo debe preguntarla — me giro obligándolo a dejar su lugar al lado de la mesa para ponerme en el y meter otra bola.
— No me interesa su edad, puedo deducirla fácilmente — Arqueo una ceja, centro mi tiro y lo observo mientras hago el movimiento sin mirar.
— ¿Y cuántos años dice que tengo? — él solo mira la mesa y me giro para ver que emboqué.
Lo dije, soy buena en el billar.
— Por como juega al billar diría que es mucho mayor, pero por lo que pude notar, es usted inteligente y competitiva — sin incorporarme acomodo el palo pero está vez no emboco lo cual me frustra — Pero no puede tener más de 25 años — Me aparto y no digo nada — ¿Me equivoqué verdad? — no digo nada solo lo observo inclinarse para hacer su jugada, me molesta su mirada — ¿24 años? — dice dudoso mirándome, su mirada se ve intensa pero sus cejas hacen que parezca curioso.
— No creo que eso importe ahora — con un movimiento de cabeza indico que juegue para no perder más tiempo.
— Eres difícil — sonríe y hace su jugada, emboca.
¡Tsk!
— Soy una persona muy simple ciertamente, no pierdo tiempo en cosas que no importan — Me quedo quieta al notar que estoy perdiendo tiempo.
— ¿Esto le importa? — Emboca otra más.
— Mi reputación si importa y no pensaba dejar que crea que soy mala perdedora — emboca otra y al parecer él es muy bueno en el billar.
¡Carajo!
— Tengo una pregunta — Mis cejas se levantan con curiosidad mientras lo veo analizar la mesa, sin mucho esfuerzo se acomoda embocando una pelota nueva.
No es engreído en vano al parecer.
— ¿Qué pregunta? — sonríe de lado incorporándose.
Le queda una sola bola por embocar y luego la negra, en cambio a mi 4, más la negra. Al parecer ya perdí.
— ¿Por qué me odia tanto? Usted es quien primero estropeó mi día ayer, pero resulta que me detesta tanto que no desea verme nunca más ¿Puedo saber el por qué? — sin cuidado y completamente adrede tira mal haciendo que el turno ahora sea el mío.
Miro su jugada frunciendo el ceño y él hace como si nada. Pero... eso fue a propósito ¿Quiere dejarme ganar? No, no tiene sentido, supongo que es un bruto aparte de engreído.
— ¿Me lo dirá? Le toca — señala la mesa con un movimiento de cabeza.
— No lo odio, solo no es una persona que desearía sumar a mi circulo social, es.. — acomodo el palo — Realmente usted es un ser humano muy irritante, me... —Suspiro mientras hago el tiro y emboco.
— ¿La incomodo? ¿La pongo nerviosa? La verdad que a mi usted me parece una verdadera incógnita — resoplo porque nada de eso sucede.
¿Cómo me pondría nerviosa alguien que apenas conozco?
— Me saca de quicio, me da mal humor solo mirarlo, vio cuando... — cambio de posición y emboco de nuevo — No hay..... feelling, que no hay forma de que me agrade, es eso, usted solo ha fastidiado mi día — se ríe y me quedo viéndolo.
— Lo entiendo — se acerca a mí y me tenso porque su repentino movimiento no lo esperaba.
Levanto la vista para mirarlo mientras me pongo erguida en el lugar.
— Qué... ¿Qué hace? — trago grueso porque me siento…
— Le falta tiza a la punta — levanta el cubo azul de tiza en su mano.
— Gracias — lo tomo de su mano y me aparto para girar el pequeño cubo en la punta de mi palo.
Observo la mesa de billar, solo me quedan dos bolas y la bola 8 para ganar.
— ¿Siempre acostumbra a jugar billar con desconocidos señorita? — Me concentro en mi tiro porque necesito acertar dos seguidos si o si.
Emboco y me concentro porque estoy cerca de ganar.
— No — susurro porque nunca hago estás cosas. — Nunca tengo la oportunidad de hacerlo, tengo una vida ocupada — lo miro mientras muy relajado observa todo lo que hago.
No me pone nerviosa en absoluto, solo que... su mirada es... es... Me irrita, sus ojos negros e intensos, me irritan.
— Así que una vida ocupada — mientras estoy por tirar mi pulso falla y erro.
— ¡Miêrda! — susurro por lo bajo.
— Oh... creo que de verdad debo comenzar a pensar como será el día que me dará — comenta asombrado.
Me alejo de la mesa y quiero maldecir.
Ya está Helen, un día con él, no es la muerte. Puede ser divertido, interesante, podría fastidiarlo tanto como él a mí. No es problema para mí.
Se inclina mirando la bola que debe embocar y comienza a caminar por alrededor de la mesa.
Una parte de mi está completamente alterada pero la otra.. está llena de.... ¿Expectativa? ¡Qué tonto!
— Se lo dije no seré mala perdedora, accederé a lo que usted pidió — remarco relajada.
— Lo sé, créame — emboca su última bola — Lo tengo muy claro señorita — me mira a los ojos de una forma que no comprendo si es divertido o dudoso, quizás ambas.
La bola negra está perfectamente posicionada para que la emboque en el hoyo donde acaba de meter su última bola lisa, pero de una forma extraña inclina su palo golpeado la bola blanca que choca contra la negra la cual golpea la ultima bola rayada que me faltaba metiéndose las tres a un hoyo que no era el correcto. Mi bola rayada, la negra y la blanca por último.
— ¡Auch! Me confundí — me mira encogiéndose de hombros.
Miro la mesa totalmente desconcertada.
Me dejó ganar.
— Ganaste — dice dejando el palo y sigo sin despegar mi vista de la maldita mesa de billar completamente vacía.
— Me dejaste ganar — reclamo mirándolo.
— En absoluto, solo... estaba distraído — mi indignación en mucha, porque creí que sus anteriores movimientos eran casualidad pero todo el tiempo estuvo dándome ventaja.
— ¿Por qué lo hizo? — mi ceño fruncido lleno de descontento es una clara señal de que esto no me agradó.
— Para ser alguien que me odia parece muy decepcionada por el hecho de que no pasara el día conmigo — comenta burlón.
— No es por eso, es porque no es algo justo si usted me deja ganar adrede, ¿Acaso me subestima o qué? — Él... es un imbécil.
¿Por qué lo hizo?
— Todo lo contrario, no la subestimo en absoluto solo...
— Solo quería humillarme ¿No? — se acerca a mí y no me amedrento porque estoy muy molesta.
— ¿Cuál es el problema? Me odia, ya tiene lo que quería no me verá nunca más, lo juro no me volverá a ver señorita... cierto que no me dijo su nombre — mi respiración está totalmente acelerada.
— Usted...
— Soy buen perdedor — extiende su mano – Fue un gusto jugar con usted...
— Es usted tan... — resoplo alejándome.
Me volteó y él solo me mira un instante con una sonrisa de lado.
¿Qué clase de idiota es?
Cómo si yo quiero ganar de esa forma.
No comprendo por qué lo hizo, ya tenía su triunfo, conseguiría lo que deseaba y...
¿Estás decepcionada?
No, ¿Por qué lo estaría? Solo que resulto tan idiota, tan molesto, tan raro, tan... cínico, tan... tan…
Interesante.
Eso nunca, no fue interesante.
Sería un buen candidato
Jamás.
¡Carajos! No puedo creer que perdí tanto tiempo.
Salgo de allí topándome con Joe.
— Hel…
— ¿Nos vamos? Estoy cansada y quiero salir de aquí ya mismo — refunfuño.
— De acuerdo ¿Todo bien? — Pregunta mi amigo caminando a mi lado.
— Perfecto Joe, perfecto, solo que es cansador esto y por cierto no conseguí nada, solo dime que tú lo hiciste — niega y ruedo los ojos.
— Probaré luego, sácame de aquí Joe, solo quiero ir a descansar — mi amigo no pregunta solo salimos del lugar subiendo al auto que nos trajo.
Se supone que vine a conocer millonarios.
Conociste a uno.
Pero no me sirve.
¡Ash! Tendré que volver a intentarlo luego.