2- En busca del candidato

2066 Words
Pov: Helen Me miro en el espejo, mi vestido formal no se ve tan mal, mi maquillaje es correcto. Hoy tengo que encontrar a mi candidato sin falta, no puedo fracasar, tengo la dirección del evento, es un evento que salió en todos lados el anuncio, la verdad que las reuniones sociales son algo bastante frecuente entre las personas de la alta sociedad, solo que dicen por ahí que es muy difícil conseguir invitaciones. ¿Cómo lograré entrar yo? Usando mi poder de convencimiento. Tomo mi bolso y mi teléfono suena "Joe". — Hola Joe, sé breve porque te quiero y todo pero no llegaré tarde por ti — jadea como espantado. — Sos malvada ¿Lo sabes, no? — me carcajeo mientras salgo. — Sí, por eso nos llevamos bien — asiente con un sonido. — ¿Dijiste que estabas saliendo? — pregunta sorprendido. — Sí, salgo, tengo unas cosas que hacer, ciertas investigaciones para la tesis que requieren que vaya a una fiesta.. — ¿QUÉ? Helen Echeverría, sos la peor amiga, te dije que quería salir de fiesta y lo hacés sola, sos injusta — ruedo los ojos mientras bajo las escaleras. — Joe, no es una fiesta para divertirse, además... voy en plan investigación no necesito a uno de los guapos herederos de la Elite que esté a mi lado espantando a mi posible candidato a investigar— lo escucho rechistar. — ¿Qué estás haciendo, Helen? No me dijiste de qué trataba tu tesis exactamente y ahora creo que empiezo a interesarme en eso — llego a la calle y subo a mi auto. — Nada Joe, no te preocupes que lo tengo controlado — Asiente con un sonido. — ¡Me vas a contar todo cuando nos veamos!— me río. — De acuerdo, nos vemos, disfruta de tu confinamiento y ponte a armar tu tema de la tesis — suspira. — Nos vemos, malvada — ríe y corta la llamada. Joe padece mucho el hecho de ser un Queen, la presión de su familia hacia él siendo el hijo mayor es demasiada, además que para su desgracia es muy listo, se ha concentrado en sus estudios todo este tiempo dejando su juventud de lado, si bien lo ha hecho bien, se que el desea experimentar la vida de un joven normal, si supiera que no se pierde de mucho, seguiría conmigo estudiando. Conduzco hasta el Hotel Sheraton Grand de Seattle donde el gran evento de beneficencia tiene lugar. Al llegar, el lugar se ve repleto de autos de lujo llegando ¡Maldición! No puedo pasar con mi Honda clásico que no dice nada. Estaciono un poco alejada y camino hacia la entrada, llevo unos zapatos que no son nada cómodos lo cual no hace grato esto. Me extraña que no haya vigilancia en absoluto por el área que rodea el hotel. Esto será fácil, muy fácil ¡Diablos! La entrada está llena de prensa, no voy a poder entrar por ahí. No me gustan nada esas personas tomando fotos. Decido entrar por un costado que se ve vacío y donde algunos autos más discretos frenan dejando a personas igual de arregladas que los que son fotografiados por la prensa. Camino tranquila, con seguridad, lista para entrar, pero un tipo de dos metros, vestido de n***o se para impidiéndome el paso. Rezongo mentalmente, esto es lo que no debía pasar, era predecible que esto sucediera, pero lo que no deseaba que pasara. Sonrío jactándome de que quizás pueda cautivarlo con mis grandes ojos azules que aunque a veces viran en verde se ven bonitos igual, o quizás lo haga con mi sonrisa. Algo debe funcionar porque no me conformaré con fracasar sin más. — Nombre y apellido, señorita — trago grueso nerviosa sin borrar mi sonrisa, acomodo mis ondas castañas previamente hechas con buclera. — Yo... verá, es muy chistoso, pero venía con mis padres — es la mejor excusa con mi edad a menos que viniera con mis padres no existe posibilidad de que sola llegará a una fiesta así — Pero ellos entraron por la puerta principal, la verdad que no me apetece lidiar con la prensa, por eso quise ser más discreta, seguro usted comprende a lo que me refiero. — me mira con apenas expresión en el rostro. — Nombre y apellido, señorita — Alguien detrás mío se frena, baja una mujer — Nombre y apellido, señora — ¿Solo sabe decir eso? ¡Ash, qué estrés! — O'donel Casie — el grandulón mira su lista y aunque intento buscar un nombre con mi perfecta memoria fotográfica no tengo éxito. — Adelante, señora O'donel — suspiro fastidiada y muerdo mi labio inferior llena de frustración. — Nombre y apellido, señorita — vuelve a decir el maldito robot de la puerta. — Estoy en la lista, mire ahí — señalo su lista pero no emite palabra ni expresión. — Retírese, señorita — solo dice eso y dudo si llevarle la contraría, la verdad lo más sensato es marcharme, pero mi boca no se calla. Eso es un grave problema que a veces pienso viene de familia, como arrastrándose generación tras generación en las mujeres Echeverría, aunque muchos dicen que es una combinación entre un Graham Echeverría y una Juarez Marconi Gales. No pregunten, yo me entiendo, mi árbol genealógico no es algo fácil de aprender, solo sé que esta lengua floja y sin control es una maldita herencia familiar. — De acuerdo, Robotcito — digo harta por mi inminente y asegurado fracaso. — ¿Qué dijo, señorita? — me encojo de hombros y me giro. — Repitalo, señorita — doy dos pasos — ¡Seguridad! — ¡Miërda! Apresuro mi paso porque estoy en malditos problema por no cerrar mi mâldita boca. Camino apresurada sin cuidado chocando a alguien por el camino. — ¡Al menos discúlpese! — dice alguien que tristemente es pisado y casi atropellado, lo siento, ser desconocido, mi vida dependía de mi huida. Un poco dramático, pero la verdad no necesito que me investiguen o indaguen el porqué una persona que no tiene la clase social ni nada que le permita entrar a un lugar así, está rondando y tratando de entrar en contrabando. Mejor soy una mal educada por un segundo pero salvo mi pellejo. Salgo apresurada rogando al cielo no romperme un tobillo, pero ilesa logro llegar a mi auto, solo entro en él, arranco y salgo. Enojada por supuesto, frustrada, esa es la peor parte, ¿Cómo fracasé de este modo? Creo que estimé mi poder de convencimiento o subestimé la seguridad de los ricos y famosos en los eventos. Tendré que buscar otros métodos y tengo a alguien en mente que podría ayudarme con esto. ........................ Los ojos de Joe se abren con asombro, parece que le estuviera diciendo una locura, no es tan descabellado lo que le pido, al contrario es lo más lógico y coherente, me decepciono de mí misma por no haberlo pensado con anterioridad. — Un millonario... — murmura y asiente sin quitar su semblante espantado. — Sí, necesito investigar a un millonario — su mirada se torna con regaño. — Helen, tú lo que quieres es enamorar a un Millonario — muevo mi cabeza a los lados. — Es lo mismo, solo investigaré de que manera uno lograría encandilar a un millonario, la forma ideal de vender un producto al cliente más difícil. — Hel, el amor no es un producto — me carcajeo. — Por favor Joe, no me decepciones, no me digas que crees en el amor y todas esas cursilerías — el resoplido que lanza me hace sospechar que un poco si. — No es que sea fanático, pero... pienso que no funciona como vender algo, no lo sé, la verdad al no tener en que basarme, no sé — me enderezo suspirando mientras miro el techo. — ¿Cómo funcionan lo negocios? — mi pregunta es retórica así que la respondo yo misma — Hacemos que el cliente se fascine con la idea, el producto que le ofrecemos, en algunos casos el producto es una persona, por ejemplo cuando un cantante quiere un contrato con una discográfica, economía en su máxima expresión— Mi amigo me observa con detenimiento— Usando la analogía "Enamorar" demostraré que estoy capacitada para esto, además la forma más difícil de convencer a alguien es por medio de los sentimientos, esta investigación es prometedora — la mirada de Joe ahora ya no es tan dudosa. — Tiene sentido quizás, después de todo es una analogía del amor, no es verdaderamente de eso — asiento porque no me pondré a debatir acerca del amor con Joe. No es fácil hacerle entender que el amor no es diferente a los negocios. — ¿Entonces, vas a ayudarme? — asiente tranquilo. — Aprovecharé que mi padre siempre quiere que vaya a eventos de la alta sociedad, serás mi acompañante — sonrío porque es la única opción. — Creo que la mejor forma de conseguir víctimas es creando un encuentro casual, como en la películas esas de amor todas cursis y que dan asco, la chica se choca con él conectan miradas y boom el imbécil se enamora — Los ojos de Joe se abren como plato ante mis palabras. — Entonces… si vas a enamorarlo — ruedo mis ojos. — Si y no o sea... mi víctima debe enamorarse de mí, usando tácticas de negocios, solo necesito que esté interesado y luego aplicaré todo lo que sé. — De acuerdo, me meteré en tu raro y macabro plan, tú usa tus tácticas y yo trataré de ayudar desde mi lugar.— apoyo mi mano en su hombro. — Eres un gran amigo — quito mi mano con rapidez. — A veces pienso que no tienes sentimientos, Helen — encojo mis hombros desinteresada, muchos lo dicen y la verdad no me interesa tenerlos. — Solo necesito que me anotes la información y mi memoria fotográfica hará el resto. — Joe toma un cuaderno y lo veo anotar información, que suerte que mi amigo sea un chico nerd. — La fiesta es esta noche, tenemos suerte porque estamos en época de eventos sociales, la fiesta de ayer no es nada comparada con la de hoy, así que le diré a la modista de la familia que te busque un vestido — suspiro resignada porque sé que Joe sabe de esto aunque no asista regularmente. ........................... Miro todo asombrándome de todo el dinero que gastan para estos eventos. — Hoy asistirán al menos 25 jóvenes millonarios — susurra Joe mientras caminamos por el lugar. — Uno, solo necesito uno, el primero que vea será — Miro analizando todo, hay varios jóvenes con copas en la barra, ahí es donde debería ir. — William Coleman — Joe dice ese nombre y trato de recordar. Listo. — Le gusta el esgrima y hablar de él mismo, escucharlo encandilada sería perfecto para llamar su atención, siempre se le vio con mujeres tranquilas y reservadas — Mi amigo asiente y lo veo caminar, pasa un mesero con una bandeja de la cual tomo una copa. El lugar está bastante lleno de personas, se puede caminar con tranquilidad pero no es como que esté vacío el sitio. — Voy a ir Joe, cómo en las películas. — Suerte… — Se dice éxito, Joe — Voy con mi copa mirando el suelo para chocarme con mi candidato, William Coleman, será perfe..... — ¡Auch! — Choco con él pero la copa en vez de inclinarse para su lado se inclina para el mío y en un intento de no ensuciar mi vestido doy un paso hacia atrás empujando y pisando a alguien con mi tacón. — Lo siento señorita, no la vi — William muy atento y caballeroso me sostiene para que no me caiga, es rubio, alto, ojos almendra cosas que no importan pero que son lo que me hizo recordar su rostro por la foto que vi. Es atractivo, pero lo repito, eso es lo que menos importa. — ¡Usted de nuevo! ¿No piensa disculparse otra vez? — me giro ante la voz llena de molestia proveniente de alguien a mi espalda. Mis ojos se achinan mientras mi ceño se frunce, estoy segura que si lo conociera, lo recordaría. ¿Quién diablos es? Y ¿Por qué me habla de ese modo?
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD