Pov: Oliver
Me apoyo en el barandal de la escalera que da vista al salón principal de la mansión Philips. Este lugar lleno de historia, lleno de legado, mi hogar y en el pasado el de mi abuelo.
¿Qué hago solo viviendo en este enorme lugar? Lo dije, es mi hogar y deseo mantenerlo intacto.
Luego de 10 años abriré sus puertas brindando una fiesta, la primera desde la muerte del principal monarca de la dinastía Philips, Roger Philips era quien mes a mes abría las puertas de su mansión para hacer fiestas de beneficencia, donde los ricos gastamos nuestro dinero y ayudamos a otros.
Este lugar lo cuido tan egoistamente que me ha costado tomar esta decisión, pero es momento que empiece a cumplir mi papel en la sociedad, no basta con ser el accionista mayoritario de Corporaciones Philips, debo hacer presencia, mostrar influencia social.
Las puertas se abren y veo a mi madre entrar con un montón de personas, ella es experta en organizar estos eventos, los hacen en su mansión todo el tiempo, así que me pareció correcto que me ayudara.
Todos comienzan a hacer miles de cosas y aunque me siento invadido me recuerda a cuando mi abuelo vivía, él transitaba los preparativos para los eventos con tanta paz y expectativa, eso quiero para mí.
— Madre — llego a ella y la recibo con un beso en la mejilla.
— ¿Emocionado, hijo? — sonrío porque eso intento, emocionarme, aunque nada logre hacerlo.
Eso me hace recordar algo que sí me hizo sentir lleno de adrenalina, emoción y diversión.
El billar y esa mujer tan indiscreta, frontal, interesante y... con una belleza sin igual. Su belleza era comparable con su ferocidad al hablar.
— ¡Oliver! — miro a mi madre. — Estás distraído, te preguntaba si quieres que cierren a partir del segundo o el primer piso... — me concentro en ella y lo que dice.
— A partir del segundo piso, dejemos el primero libre, no creo igual que alguien se inmiscuya — Me alejo dejándola preparar todo.
Tengo trabajo que hacer, debo contactar a unos posibles clientes a los cuales pretendo ver en la fiesta, están de vacaciones en el país y la mejor manera de hablar con ellos es en la fiesta ya que pueden traer a sus esposas y mientras mi madre habla con ellas, yo hablo con ellos. Mi padre diría, si tuviera una esposa. Como si eso cambiara algo, como si una mujer sirviera solo para entretener a otras, ¡Qué tonto!
La verdad que no me molestaría hablar de negocios frente a las esposas de mis clientes, ellos deciden que no está bien, porque ellas no saben de sus temas de trabajo. Incluyela y seguro comenzará a entender de ello, no me pondré tampoco a discutir de como llevan su matrimonio.
A mi solo me interesa conseguir clientes para la potencial temporada de importación y así poder concretar los embarques que usaremos. Mi familia maneja varios rubros, marítimos, aéreos y terrestres, nos encargamos de transporte, algo fundamental para importación y exportación.
Me encierro en mi estudio por un rato para poder estudiar y también fortalecer la propuesta que tengo en mente, llevo 9 años involucrado con nuestro legado familiar de los cuales 6 son los que llevo teniendo casi el poder completo de todo, mi abuelo me dejó su 50% de las acciones a mí antes que a su único hijo, no sé sus razones, pero mi padre posee un 20% y el otro 30% lo poseen los Valenciaga, compraron las acciones hace 20 años y las tienen generación tras generación.
Así que digamos que soy prácticamente dueño de Corporaciones Philips, un legado que no dejaría morir por nada del mundo, mi abuelo construyó esto con sudor hace mas de 60 años, con dos años menos que yo, él había abierto el primer centro de traslado nacional, con solo tres vehículos.
Digamos que solo hay una cosa más importante que proteger el legado de mi familia y eso es el amor, si algún dia lo encuentro sin dudas lo protegería tanto como a la memoria de mi abuelo.
El sonido de la puerta me desconcentra.
— ¡Adelante! — la puerta se abre y la figura de Nethan Philips es revelada ante mí.
Mi padre.
— Padre ¿Qué te trae por aquí? La fiesta aún no comienza — dudo porque no sé cuánto tiempo estuve sumido en mi trabajo— Eso creo — miro mi reloj corroborando que apenas he estado tres horas en el estudio.
— No estoy por la fiesta, vengo a verte, ¿No puedo hacerlo? — asiento y él se sienta frente a mí, observándome.
— Supongo que sí, pero ambos sabemos que si no hablamos de trabajo nunca buscas mi compañía — sonríe y se remueve en su asiento.
– Me dijo tu madre que le solicistaste que atienda a la esposa de Feller y Carson — asiento y ya sé por donde vendrá su reclamo.
— Sí, ella con gusto me dijo que lo haría, es un negocio que también te beneficiará ¿Lo sabes, no?
Lo conozco demasiado para saber que va a decirme y no tengo ganas de hoy estar malhumorado por sus reclamos de nuevo.
— Lo sé, no cuestiono eso, pero sabes que si hicieras lo que debes, no tendrías que pedirle a tu madre que te ayude.– asiento apretando los labios mientras me recuesto en mi asiento.
— No creo que justamente hoy debamos hablar del tema.
— Oliver, casi tienes 30 años, tanto que deseas cuidar el legado ¿Qué esperas para casarte y tener un heredero? — ruedo los ojos.
— No he encontrado...
— Ya te lo he dicho mil veces, no tienes que esperar a enamorarte, eso es algo que podrás crear con quien sea que te cases, mira a tu madre y a mí, nosotros no nos queríamos, fue un matrimonio por conveniencia — de su parte porque mi abuelo jamás quiso eso. — Luego aprendí a quererla y somos felices — Así no funciona.
— El amor no se crea de la nada, yo lo sé, no quiero un matrimonio sin amor, fin de la discusión, en todo caso el tiempo dirá como mantendré el legado — la mirada con desaprobación de mi padre está ahí.
— Si realmente lo deseas, te casarías, solo debes tratar bien a tu esposa y listo, el amor es algo que se construye con las acciones no es algo mágico ni sobrenatural, ¿Cuándo vas a entenderlo? — froto mis ojos.
— Quizás nunca, no me presiones ¿Es eso posible? — se levanta tranquilo.
— Solo digo que si el imperio morirá en ti, habrá disparidades y el consejo quizás decida que no es conveniente que tú...
— ¿He muerto? No, así que el legado Philips sigue vivo, no veo el problema, si no deseas que mi madre me ayude esta noche, me las arreglaré solo, tampoco es tan grave que dos mujeres escuchen los negocios que haremos, no es ilegal ni mucho menos clasificado — Solo sonrío.
— Eres terco, eres tan parecido a tu...
— Lo soy y eso no me molesta — una risa irónica sale de sus labios.
— Tu madre es libre de ayudar si lo desea, yo solo quise hacerte entender que el tiempo corre, Oliver... corre y rápido, no olvides que necesitamos mantener todas las acciones en nuestra familia — asiento y lo veo cerrar la puerta.
Presión, eso es lo que él sabe hacer cuando me habla, solo sabe presionarme. Pero no cederé a sus estúpidas tácticas.
El amor no se crea, el amor es algo que no se puede generar, solo existe y ya, no puede replicarse, solo habrá una persona que te hará sentir eso único e inconfundible de lo que muchos hablan.
Él está equivocado.
Miro el reloj sabiendo que debo ir a alistarme porque los invitados comenzarán a llegar, necesito que esta noche sea perfecta.
Me alisto con un traje de etiqueta, la mansión se ve tan distinta a como es normalmente, adornada con personas de aquí para allá, llevando bandejas con copas de champaña, se siente hasta nostálgico.
Observo el salón mientras todos van llegando, desde el barandal de las escaleras, muchas personas importantes que conozco asisten, pero nadie que realmente me de ganas de...
¡No puede ser!
¿Por qué ella me llama tanto la atención?
La veo sonreír del brazo de un caballero y como sus ojos azules brillan igual que una gema. No parece ella, le falta fuego en la mirada, le falta...
Una risa se me escapa.
Le falta enojo, se ve mejor enojada que sonriendo. Parece más sincera molesta que de esa forma que ahora la observo.
Supongo que debo cumplir mi promesa, no cruzarme en su camino.
Cuando me pisó la primera vez, me molestó, la verdad que me quedó doliendo el pie toda la noche y la segunda vez fue insólito, yo simplemente cuando vi que ella fue quien nuevamente me golpeó, pude vislumbrarla mejor y sin dudas me despertó una gran curiosidad su forma de hablar.
Ella no le teme a nada y eso... Woow eso la hace exquisitamente llamativa e intrigante, como si escondiera algo muy dentro suyo.
Soy un hombre curioso y a riesgo que la curiosidad me mate, siempre la sacio.
Pero con ella, preferí no hacerlo, fue clara, no desea verme y ante todo soy un caballero.
Así que; que por más curioso que sea, debo mantenerme alejado de esa fiera de ojos azules.
Veo entrar a mis clientes y decido que me concentraré atendiéndolos.
Bajo las escaleras por el lado derecho y curiosamente ella está en esa ala junto a su acompañante, que si mal no recuerdo es el hijo menor de Lorens, mejor bajo por el izquierdo para no ser inoportuno.
— Señor Philips, todo está increíble, tiene usted un gusto impecable — sonrío y asiento ante cada uno de los invitados.
— Gracias por asistir, es un honor tenerlos aquí — camino un poco más siendo interceptado por varios invitados de camino.
Paso al lado de mi madre que habla con la organizadora.
— Quiero que arregles ya eso, ese color de manteles es inaceptable en el ala oeste, quitalos, no lo sé, pero verlos me da alergia.
— Tranquila madre, todo se ve perfecto, los invitados están fascinados — beso su mejilla mientras la tomo de los hombros para que deje de preocuparse por cosas mínimas.
— Pero si vieras esos colores en el ala oeste — me gira como guiándome allí y casi tengo un repentino encuentro que no está permitido por mi promesa.
— Madre — vuelvo a guiarla hacia donde están mis clientes — Está todo perfecto, eres fabulosa, vamos a conocer a mis clientes ¿Qué opinas? — sonríe y asiente.
Es como si todo quisiera obligarme a toparme con ella. Pero la casa en enorme, solo debo esperar que todos empiecen a esparcirse y ya no habrá riesgo de cruzarmela.
— Señor y señora Feller — Saludo a la pareja — Señor y señora Carson, me alegra tanto que hayan decidido asistir, les presento a mi madre, Regina Philips — mi madre con toda su clase y elegancia se presenta ante ellos. — Lo que necesiten solo pidanlo, espero se pongan cómodos.
— Gracias señor Philips, todo está muy bien — sonrío.
— Disfruten la fiesta, más tarde hablaremos de nuestros asuntos — me alejo dejándolos disfrutar.
Todo se ve bien, marcha a la perfección, el buzón de donaciones se va llenando mientras la noche transcurre.
Hablo con uno y otro invitado de cosas como negocios o lo bien que se ve la mansión.
— Oliver, avísame cuando quieras que le muestre la galería de arte a la señora Feller y Carson, así tú te encargas de tus asuntos — mi madre me intercepta mientras salgo del pasillo que da a los baños.
— Perfecto, tú invitalas que yo me encargaré de los señores Feller y Carson.
Ella hace su parte y yo hablo con mis clientes de forma exitosa.
La fiesta va llegando a su final y cuando veo que muchos invitados comenzarán a retirarse, decido darle las gracias a todos, por haber asistido, después de todo soy el anfitrión.
No acostumbro a hacer estas cosas, es mi primera vez como anfitrión, pero por respeto debo hacerlo.
Me acerco a una pequeña tarima al lado de la urna donde han dejado su donación.
– Buenas noches a todos, espero hayan disfrutado de esta fiesta– Todos se voltean a verme y desde aquí no se puede distinguir a nadie— Es un honor haberlos recibido en la mansión Philips, sin duda el orfanato de Seattle estará agradecido por su donación esta noche, de mi parte, les agradezco a cada uno por asistir y ya notarán que no soy bueno para estas cosas — todos se rien — Solo puedo decir gracias y que terminen bien la velada — aplauden y bajo de la tarima.
Soy espantoso para esto.
Todos comienzan a marcharse, cada vez el salón está más vacío y la visualizo a la distancia, tiene una sonrisa falsa en sus labios mientras mira a su acompañante totalmente ebrio. ¡Qué pedazo de idiota!
Ella dice algo y un otros jóvenes que identifico del círculo social de los Lorens se llevan al que reconozco como Michael Lorens.
Qué idiota ¿Acaso no sabe beber? ¿Cómo volverá ella ahora?
Sigo observándola, quizás algo acosador de mi parte, pero no. Es mi casa, ella asistió a mi fiesta así que en cierto modo es mi responsabilidad que todos se marchen bien.
Solo saca su teléfono y con mucha seriedad comienza a usarlo, ahí en ese momento parece la misma mujer que conocí, sería e inexpresiva completamente.
Camina a la salida, está solamente con un vestido color blanco bastante elegante, pero nada abrigado para el clima que empezó a hacer está noche, hay mucha brisa helada afuera.
Noto como todos comienzan a marcharse, pasa como una hora y la curiosidad me invade, me asomo por uno de los ventanales del primer piso para verla en la entrada tiritando de frio, con su teléfono en la mano y su ceño fruncido. No es muy tarde pero en esta zona los uber no circulan bien, siempre lo hacen con mucha demora, ya que la mansión está muy alejada de la cuidad.
Qué pedazo de idiota Lorens, no debió dejarla sola.
Veo a un empleado pasar.
— Caballero.
— Señor Philips, ¿En qué puedo ayudarlo? — suspiro porque sé lo que acordé con ella pero qué más da, la casa en enorme, ella no me verá.
— Ay una señorita afuera, hagala pasar mientras espera su coche, hace mucho frio para que esté allí, queremos tratar a nuestros invitados con cortesía — observo que hay dos personas más pero caminan hacía su auto dejándola sola en el lugar— Solo eso, dígale que no puede esperar afuera, que usted le avisará cuando llegue su coche ¿Comprende?
– Como ordene, señor — el muchacho se marcha y solo me voy a mi sala de juego a tomar algo mientras espero que todos abandonen la residencia.
Solo estoy siendo considerado como con cualquiera de los que asistieron.
Me tomo dos tragos con lentitud sentado en un sillón apartado en mi sala de juegos, donde solo hay una mesa de billar que es más que suficiente para encontrar diversión.
Hoy fue un día agotador y quizás abrumador, pero nada que un poco de silencio no me quite.
Unos pasos me alertan pero me mantengo sentado con mi sillón dándole la espalda a la puerta.
Es chirrido de la misma abriéndose sigue manteniéndome atento a la intromisión. Un pequeño jadeo suave se oye.
— Ya veo porque juega tan bien... — Una voz femenina con un tono irónico y algo conocido me hace sonreír.
¿Qué hace aquí? Solo me giro un poco, de modo que ella aún no nota mi presencia ya que está observando la mesa de billar y las paredes del lugar con curiosidad.
Al parecer le gusta curiosear.
¡Qué demonios!
Y es que evitarla se está haciendo complicado.
¡Maldición!