Alexander Bri se fue a salir, pero la detuve, mi hijo no necesitaba todo el espectáculo y ella le daba la espalda, no veía nada porque teníamos, por suerte, las sábanas a la altura de sus caderas. — Jeremy, sal de la habitación, por favor —me moví y apretó los labios conteniendo el sonido. — ¿Por qué? —demonios. — Hijo, ya vamos, solo sal —resopló, pero no lo mire, no podía, porque la pequeña me estaba estrangulando con sus movimientos pélvicos internos. — Bien, pero no tarden o vuelvo —cerró la puerta y la miré. Todavía tenía el cuerpo tenso y la mirada perturbada, trató de bajarse, pero me negué, no iba a terminar esto tan fácil, yo no podía hacerlo, porque ella simplemente me dejaba perdido en la nada, su cuerpo, la forma en que encajaba a la perfección en mi sistema, todo

