Capítulo 5

2162 Words
Nayara toma un plato y se sirve un poco de fruta, dos tostadas de pan con mermelada de fresa y dos rebanadas de queso. Entre las bebidas sucumbió de inmediato ante el chocolate, esa es su mayor tentación sobre el planeta tierra, (palabras dichas por ella misma) tomo asiento en una de las mesas del lugar, mientras chatea con uno de sus hermanos, quien le esta consultando que podría regalarle a su novia que esta próxima a cumplir años, sintió que alguien esta de pie en su mesa, al levantar la vista es Fabián D’Alessandro, con el cabello húmedo, un short largo y una franela que se adhiere en los sitios justos y correctos mostrando su perfecta anatomía y lentos de sol.       La chica, paso entero el pedazo de piña que tiene en su boca, detallando sin darse cuenta al espécimen que tiene en frente, que pese a tener mala cara, se ve sencillamente perfecto. ― ¡Buenos días! ―saludó el guapo patán a la chica, con el plato de su desayuno en la mano― ¿Se puede? — Le preguntó Fabián a su compañera de viaje. ―Buenos días, por supuesto adelante ―respondió Nayara al hombre, extrañada ante aquel gesto. “Sentarse a desayunar con ella” esto si no se lo podía creer la hermosa castaña. ―Gracias ―respondió el guapo Fabián a la joven, mientras se sienta en la silla que esta a su lado. ―No tienes buena cara. ―Nayara no pudo evitar hacer ese comentario a su compañero de mesa, más en vista de que no piensa quitarse los lentes de sol y están en el interior del restaurante donde no llegan ni por asomo los rayos solares. ―Uhhhhmmm ―exclamó Fabián mientras saboreaba un pedazo de panqueque que acaba de meter en su boca, luego de pasar el bocado ingirió un poco de jugo y continuo―Me acosté muy tarde anoche, bajé un rato al casino y luego presentaron un buen show, pensé que coincidiría contigo, pero por lo visto o no bajaste ¿o te fuiste a otro lugar?.― contestó Fabián ante el comentario de Nayara, quien siguió concentrada en sus tostadas mientras lo escuchaba, lo que hizo fue sonreír brevemente ante la curiosidad de su compañero laboral, de si había salido o no anoche. No pensaba aclarar esa duda, total no era de su incumbencia. ―Eso quiere decir que lo pasaste bien, eso es lo importante… ―continúo Nayara comiendo la fruta de su plato, al pasar unos minutos en silencio, La chica termino su desayuno y se levantó para irse a su suite. ― ¡Que tengas buen día! Con permiso. ― dijo a Fabián y antes de que éste respondiera ella salió del restaurante.       Fabián la observo mientras caminaba hacia la salida, notando como los hombres presentes voltean a verla a su paso, explorando toda la sensualidad inocente que brota de la hermosa joven sin ella percatarse de eso. Se dio cuenta de que es sumamente hermosa y al parecer ella es ajena a esa realidad.       Horas después, Nayara se dispuso a bajar a la piscina y pasar un buen rato tomando sol, mientras se toma un exquisito cóctel de frutas, están tan ricos que al cabo de una hora ya llevaba seis.       Para ese momento, Fabián ha decidido también darse un buen baño en la piscina, al llegar recorrió con la vista todo el lugar percatándose de la presencia de la hermosa joven en una de las tumbonas del otro lado de la alberca, delicadamente recostada leyendo un libro muy concentrada, mientras le traen un cóctel muy colorido con sombrillita de adorno y todo, detalló el pequeño bikini n***o que cubre esa hermosa y blanca piel, se le secó la boca cuando Nayara se levantó en un intento por acomodar la toalla que había extendido sobre la tumbona para recostarse nuevamente, descubriendo aquel asombroso cuerpo curvilíneo y exquisito del cual no pudo apartar la mirada ni por un momento, encantándose con el detalle del traje de baño de la chica, cuya parte baja se sujeta solo por sus amarres en los laterales, por un instante se imaginó desatando esos nudos y perdiéndose detrás de lo que la pequeña tela ocultaba. Respiro profundo y sacudió la cabeza, para tratar de ahuyentar esos pensamientos locos y perturbadores que de repente lo invadieron sorprendiéndolo y al mismo tiempo regañándose a sí mismo. Mientras se dice en su interior: “Que pasa Fabián…¿estás perdiendo la cordura? Y con esa mocosa menos por Dios”.     Pidió una cerveza y dejando la toalla sobre su tumbona se zambulló en el agua, que esta templada y logro relajarlo al poco rato.     Luego de un tiempo de estar reposando dentro del agua junto a una de las grandes cascadas que caen en la piscina, lugar que lo ayudo a despejarse un poco más, sintió que algo rozó con su pierna izquierda y alguien salió repentinamente del agua, dejándolo a él sin aliento al darse cuenta de que es la preciosa chica, de la cual ha estado huyendo sin darse cuenta, con la intención de no mirarla más. ― ¡Hola guapooooo! ―saludo Nayara a Fabián, más alegre de lo normal y sonriente con él como nunca, con la respiración entrecortada lo que hace que suba y baje su pecho rápidamente, provocado por el esfuerzo de nadar debajo del agua. Lo que hizo deducir al guapo hombre que llevaba más de un coctelito de aquellos y de paso ya habían surtido su efecto en la chica. ―Hola Nayara… ―saludo él a la hermosa joven dando un asentimiento de cabeza. ―Estaba tratando de leer y subí la vista y te vi aquí, ―explico ella en un tono más amable del que solía usar para él―pensé que regresarías a tu casa por el fin de semana y vendrías el lunes temprano ―comentó Nayara con la lengua algo enredada a Fabián, algo que no le había mencionado cuando se vieron en el desayuno. ―Pues no, en ningún momento me lo planteé. Prefiero quedarme aquí y disfrutar el lugar. —argumentó Fabián a Nayara, muy atento a sus reacciones y respuestas. ―Yo sí lo pensé, pero mi novio Alejandro tuvo que regresar a Italia ayer, en conclusión, decidí quedarme―dijo la chica entrecomillando con sus dedos la última parte―para como dices tú, disfrutar el lugar. ―Siento lo del viaje de tu novio ―manifestó Fabián, sin saber que más decir, la verdad es que no le interesa mucho entablar conversación con esta chiquilla. ―No más que yo, créeme. Sobre todo, porque aparte de querer estar con él, quería que me ayudara a decidir algunos detalles de la boda en los que necesito que participemos los dos, pero no, ya ves tuvo que irse de nuevo. ―respondió la chica no muy contenta a su acompañante y tambaleándose un poco, sin poder evitar deleitarse con la excelente vista que tenía en frente, Nayara no puede dejar de reconocer que Fabián es un hombre realmente guapo, varonil, sensual, de hombros y brazos fuertes y bien marcados, torso y abdomen muy definidos, mostrando unos estupendos cuadritos que daban ganas de devorarlos. ―Ya regresara ―es lo que pudo responder él ante tanta información inesperada dada por la Nayara. “De verdad se va a casar, siendo tan joven” fue lo primero que vino que a la cabeza de Fabián. Esté no pudo evitar recordar la oportunidad en que tuvo aquel incomodo almuerzo con su asistente Blanca, en donde ésta le comentó lo de la boda de Nayara. ―Que regrese cuando quiera, yo me encargare de todo y luego no podrá objetar nada ―prosiguió Nayara con su casi monólogo. ―Buena solución. ―expresó él a Nayara, detallando los finos rasgos de la hermosa chica, esos turgentes pechos que demuestran tener frío a través de la tela del bikini que los arropa, él puede advertir por la claridad del agua en la que están sumergidos, el vientre plano y la angosta cintura de Nayara, todo el conjunto a su vista lo tiene de una u otra manera embelesado, su forma de hablar relajada y desinhibida, su frescura sin ningún tipo de antipatía hacia él, tienen verdaderamente cautivado al guapo hombre. Observar las gotas de agua deslizarse por aquella tersa y blanca piel es algo en verdad fascinante para Fabián. ―Eres muy serio ―pronuncio ella mientras apunta a Fabián con su dedo índice―eres reservado, muy callado, hasta pareces un poco misterioso ―dice Nayara en tono reflexivo, como si estuviera pensando en voz alta. ―No me considero para nada misterioso, Nayara ―respondió Fabián, riéndose del comentario de la castaña, le hizo mucha gracia, ella al ver esa hermosa sonrisa, se le secó la boca de inmediato. ―Tal vez no para ti, porque tú no te ves así ―explicó la chica―pero esa es la percepción que le das a los demás, o por lo menos a mí. ― “Un misterio que a cualquier mujer le encantaría descubrir” caviló la hermosa chica en sus pensamientos, que para su suerte no lo dijo en voz alta. ―Quizás es cierto y no me doy cuenta de ello, pero si te soy sincero, resultarle misterioso a los demás no está entre mis objetivos de hecho ni siquiera lo he pensado nunca. ―aseguró Fabián a la chica, evidentemente algo afectada por los tragos. ―Pues sin quererlo lo haces, ¿puedo preguntarte algo? ― Fabián pudo darse cuenta que la bebida que la chica estaba tomando de verdad la había puesto habladora, pues nunca se imaginó cruzar más de dos palabras con ella, obvio las justas y necesarias. ―Sí ― le respondió él, dudoso a su acompañante, “si no queda más remedio” Pensó Fabián para sus adentros. Ya la conversación estaba tomando un rumbo que al guapo hombre no le agrada pues al parecer ella quería tocar puntos de su vida personal, con la cual él es muy reservado. ― ¿Por qué tan solo? ―preguntó Nayara mientras mira fijamente a los ojos de Fabián―Sé, por mi padre que no estás casado, vives en un departamento cercano a la empresa. Siempre que te veo andas como solitario, como pensativo, no sé, si triste sea la palabra correcta. — la castaña intentó seguir con su monólogo, pero fue interrumpida por Fabián. ―No tengo porque responderte eso―espeto él de manera cortante a la joven, dejándola impactada ante el tono de voz tan severo y agrio que utilizó.―Son cosas que no te incumben, tú y yo no somos amigos, por lo tanto, está fuera de lugar que preguntes ese tipo de tonterías, te recuerdo que estamos aquí solo como equipo de trabajo, para lograr una buena inversión para la empresa, pero más nada muchachita, no te equivoques.― Fabián terminó de expulsar su veneno, con la respiración agitada, y las manos hechas puño a cada lado de su tenso cuerpo, Nayara al detallar su reacción corporal lo miró nuevamente a los ojos advirtiendo mucha rabia en ellos, pareciera que desprenden destellos que centellean en las tinieblas siniestras de su hostilidad. ―Ahí está de nuevo la fachada de hombre hostil ―respondió ella ante el ataque del hombre con una pequeña sonrisa ladeada, sin duda alguna los tragos han dejado a la chica sin filtro. ―Eso es lo que pasa, que tratas de tapar tu verdadero yo, con esa muralla de antipatía y ese rostro duro de hombre fuerte que nada lo afecta. ¿Qué pasa? ¿La verdad duele? ¿Es que acaso di en el clavo y eso es lo que tanto te molesta? ―Te recomiendo que no sigas bebiendo, al parecer te pones más impertinente que de costumbre, no quieras dártelas delante de mí de mujer madura y reflexiva, porque a pesar de que tengas cuerpo y tamaño, para mí, sigues siendo una simple mocosa. ― le sugirió un furioso Fabián a Nayara, luego se sumergió en el agua, dejándola ahí, hablando sola, al llegar a la orilla salió de la piscina, tomó la toalla que había dejado sobre su tumbona y se fue.        Nayara, todavía sorprendida ante la actitud del guapo individuo, respiro profundo cerrando fuertemente los ojos, buscando controlar su ira y evitar salir corriendo detrás de él para insultarlo por imbécil, tal como se lo merecía, por un momento le pareció que podían entablar una conversación decente y hasta agradable, lo vio relajado que hasta la miraba con admiración, ¿Qué pasó? Le encantó ver su parte desenfadada, conocer, aunque sea por un momento el hombre simpático, jovial con esa sonrisa maravillosa que enamora a cualquiera.     No podía negarlo, le fascinó de alguna manera ese misterio que a su parecer rodeaba aquel apuesto hombre. 
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