Capítulo treinta y cinco El corazón lo tengo hecho trisas. Literalmente si una imagen me pudiese describir sería la de una chica recogiendo los pedazos de su corazón en el piso en frente del chico que tanto quiso. Y es que esta vez ni siquiera sé que fue lo que hice mal para que me trate de la manera en la que me está tratando y es sumamente injusto. Trago grueso el enorme nudo que tengo en la garganta y doy una larga respiración para que mi voz no se quiebre al momento de responderle hacia atrás sobre lo que estoy pensando. —¿Esta vez que se supone que fue lo que hice? —me cruzo de brazos poniendo una barrera entre ambos y cierro los ojos por ciertos minutos teniendo la cabeza baja sintiéndome la peor cosa en el mundo —dime que fue lo que te molesto y así lo hablamos de una mane

