—Está bien, dulce niña—, dice papá, rodeando mi cintura con sus brazos. —Lo dije en serio cuando dije que no te avergonzaras de tu hermoso cuerpo. No hay ninguna razón para que ustedes dos se escondan de mí. Somos una familia—. Estoy tan absolutamente sorprendida por esta declaración y por la cercanía de papá que cuando Dyson se acerca y vuelve a insertar su dedo dentro de mí desde abajo, no me alejo más. Simplemente me estremezco de placer y de la sensación segura de que estoy haciendo algo terriblemente provocador y equivocado. Pero papá me sonríe, sus ojos verdes brillan y brillan. —Así es, dulce niña. Muéstrale a papá cuánto te gusta. ¿Tienes idea de cuánto deseo que seas feliz? Es todo lo que Dyson y yo queremos. Has enriquecido tanto nuestras vidas que queremos retribuirte—. Los t

