—Madre, intentamos convivir bien—dice frío. —Hacía tiempo que no veía tu cara tan relajada Leo— afirma. —¿Han venido a analizarme?—grita molesto por el planteo. No logra pararse porque ahí estaba Angélica para calmarlo en su momento de furiosa, le aprieta la mano y Leonardo la mira —tranquilo—puede leerle los labios y se tranquiliza cuando empieza hacerle caricias en su mano. —Sepan disculparme—asegura. Le suelta la mano cuando se dió cuenta que empezaban a llegar con la comida, una vez todo servido en sus respectivos platos comieron. Todo el almuerzo fue de conversaciones de fútbol, de las noticias del club, y novedades de nuevos jugadores. Angélica seguía callada escuchando todo pero sin dar opinión. Cuando finalizó la comida y todos se fueron. Se fue a la cocina para ayudar, no le

