—Espera... Así que al final de todo me contarás que es lo que el niño rebelde quiere —hablo con tono sarcástico. —Quiero saber que se siente ser un hombre casado —apresura sus pasos y se adelanta al ascensor dejándome con la boca abierta. Sacudo un poco mi cabeza y sigo a ese irresponsable ¿quería saber cómo se siente? Eso es totalmente estúpido. Las puertas del ascensor se cierran, y espero que Caramelo ya esté en la camioneta porque no puedo seguir perdiendo el tiempo. —Dime si te importa esa chica —insisto y él se asquea con mi insistencia. —Ay, hermano, te estás volviendo un dolor de huevos y si estoy con ella es porque la quiero como mi mujer —dice en tono cansado. —Cuidado te sale mal esa jugada, no puedes confiar de lo que no estás seguro. Ahora entiendo por qué las mujeres

