(...) Abro mis ojos lentamente. Ay, me duele mi cerebro, creo que mi cabeza va a explotar si no tomo una maldita pastilla o moriré. Me paralizo al ver que mi rostro está cubierto de cabello, remuevo un poco mi cuerpo hasta dar media vuelta. —Ay… Mierda —me quejo al sentir que he caído al piso. —Por el amor a Dios, ¿qué te pasó? —Caramelo reaparece frente a mis ojos dejando ver todo su cuerpo desnudo. —¿Qué haces desnuda mujer? —rápidamente me levanto empujándola y salgo corriendo tras cerrar la puerta de la oficina. —¿Qué te sucede? —pregunta. —No, que te sucede a ti —protesto—. ¿Cómo se te ocurre andar desnuda en mi despacho? ¡Está loca, si piensa conquistarme de esta manera! —No me digas que no recuerdas que ambos pasamos la noche aquí —extiende sus brazos y voltea a ver a todos

