—Dayron, cálmate mi amor —de pronto siento los brazos de Caramelo sobre mi cuello—. No caigas en su provocación. —No… Voy a matar a este hijo de puta porque nadie viene a faltarme el respeto —grito con ímpetu. —Lo siento hermano —alza ambas manos. —¡Hermano mis huevos! —Paz… paz… paz —veo como mis hombres sacan las armas, pero el puto que tengo frente a mí les ha ordenado a todos sus hombres que bajen sus armas—. Lo siento, prometo que no volverá a pasar. —Amor, tenemos que hablar en privado —Caramelo susurra cerca de mi oído—. Por favor—sisea y yo gruño. Con un asentamiento le digo que sí, pero antes de desaparecer le ordeno al n***o y a mis hombres que no bajen sus armas porque este insulto no lo dejo pasar. *** (Caramelo) Me acosté y abracé mi cara en la almohada, analizando la

