Mi estómago ruge como un león, un león que quiere devorar todo lo que se pueda comer. —Sí, señor —el n***o es muy obediente a Dayron, pero a mí me ignora por completo. —Pobre la chica que está a su lado, ¡sí que está loca de amor por él! —hago un gesto de dolor sarcástico. —Ya señor —no tarda en contestar la mano derecha de Dayron. —A una cuadra estacionaré la camioneta porque quiero que cambiemos de lugar —su molestia es notoria porque todos nos quedamos en un rotundo silencio. Dicho y hecho, a la cuadra, Dayron detiene la camioneta e inmediatamente intercambia de lugar con el n***o. Ahora el n***o es el que aguantara mis berrinches porque mi marido se ha dado por vencido, pero que ni crea que le quitaré la mirada. —El hotel que tenemos cerca es el Wellion Baunmansky —sugiere el n**

