Ahora comprendo todo, ¡ha llegado mi regalo! Sí, ese es el regalo de boda que le tenía preparado a Dayron, otra cosa es que después del año él ya no quiera estar conmigo, pero mientras disfrutaré cada segundo con él. Dejó el vaso encima de la mesa del escritorio, suelto la mano de mi esposo y le digo al abogado que saque los papeles porque quiero celebrar. De tan concentrada que estoy en firmar no veo el rostro de mi esposo. No hay necesidad de ver a mi alrededor para darme cuenta de que Dayron está con la boca abierta, sin poder creer la locura que he hecho, pero es que él tiene que entender que todo lo hago por amor y que nada de lo que tengo a mi alrededor es porque lo merezco. Mi vida es y siempre será ser un sicario. —¡Listo! —le entrego el bolígrafo a Dayron. —¿Estás segura? —pre

