Las siguientes veinticuatro horas serían fundamentales para los príncipes. Farah estaba orando en silencio tan temprano como el sol salió. Le pidió a Dios y al universo que le concedieran las palabras correctas para hablar y convencer a su familia de apoyarle y que todos fuesen felices, incluso si eso requería que ella renunciase al amor. Lorenzo lo había Lorenzo a diferencia de su novia cuando tenía un problema dormía profundamente, se despertó con el sonido del carrito del servicio al cuarto a las ocho de la mañana y se encontró a Farah vestida, muy seria mirándole desde el balcón. —¿Pasó algo? —pregunta Lorenzo, horrorizado ante la idea de que algo más le hubiese pasado a Isam. —No, pero tenemos que hablar. —Ahh, Farah, es muy temprano para esa frase. —Te amo, no puedo arrastrar

