El ambiente ha sido tan tenso, en el viaje de regreso, ninguno ha dicho ni una sola palabra y Leonardo parece molesto, aferrado al volante, cómo si su sanidad mental, dependiera de cuánta fuerza aplica en su agarre. - Lo vas a pensar?...- Su voz me sobresalta. - Qué...? - Irte a trabajar con ese imbécil?- Río internamente, eso era lo que lo traía al borde de la locura, ni que estuviera mal de la cabeza, aceptaría la oferta de un hombre que te mira cómo a un pedazo de carne. Sé que anoche reaccioné mal y me sobrepase un poco, bueno bastante, pero lo que me provoca estar tan cerca de Leonardo, me supera. Por eso, ahora optó por responder de buena manera. - No lo creo, él no es el tipo de jefe que me gustaría tener y además, a no ser de que me quieras despedir... tengo un buen trabajo.

