Capítulo 2 — ¡Ha renacido! Regresó tres años atrás

1315 Words
Sobre la mesilla de noche reposaba una pila de contratos. Encima de las firmas sin completar, descansaban una tarjeta negra y una llave de Bentley. “Estos son los documentos de transferencia de acciones, el acuerdo de traspaso de propiedad…” dijo el mayordomo Moss mientras le entregaba una pluma. “El joven amo especificó que todos estos bienes, incluida la yate de lujo Cisne n***o que compró el año pasado, son suyos…” ¡Elena Lin recobró el sentido: había renacido! Volvió al día de hace tres años, cuando Lucas Southgate la dejó marchar— cuando abortó a su hijo y se cortó las muñecas en la bañera para suicidarse. “Moss, ¿dónde está Lucas Southgate? ¡Quiero verlo ahora mismo!” Elena Lin mostraba una expresión de sorpresa, recordando la escena en la que vagaba entre las frías tumbas, mientras Lucas cavaba la suya con desesperación para morir junto a ella. Ese hombre realmente… la amaba hasta la locura. “El joven amo dijo que no volverán a verse en esta vida.” El pecho de Elena se apretó. Antes de morir en su vida pasada, él la había dejado y nunca se volvieron a encontrar. Northville no era tan grande. Compartían los mismos círculos sociales, y ella incluso había visitado lugares donde solían ir juntos. Pero jamás volvió a verlo. Pensaba que era suerte… que había evitado al demonio. Ahora lo entendía: Lucas Southgate la había evitado a propósito. Un hombre con tanto poder, si realmente quisiera ver a una mujer, la encontraría aunque estuviera en la Luna. “El joven amo está en Londres. No regresará en un tiempo, y yo tampoco puedo contactarlo.” Elena sacó su teléfono. El contacto “Demonio del Sur” aparecía con un signo de exclamación rojo. Llamó a su asistente, el Sr. Li. Estaba bloqueada. Intentó llamar a su empresa. La operadora, al escuchar que era ella, murmuró unas palabras y colgó. “Si la señorita Elena tiene alguna objeción con estos documentos, deberá esperar el regreso del joven amo. Él puede hablar con el Sr. Grant cuando vuelva.” Antes de su muerte, Elena había amado ciegamente a Henry Grant. Varias veces traicionó a Lucas, robando secretos comerciales para dárselos a Henry… “No es por eso. Solo quiero verlo.” “Usted sabe cómo es el joven amo. Nadie se atreve a desobedecerlo. Las consecuencias son… terribles.” Moss no se atrevía a desafiar sus órdenes. Elena entendía… ese hombre enfermo y sediento de sangre… Tres meses después. El viento gélido soplaba entre pesadas cortinas negras… Aquel hombre estaba de pie junto a la ventana. Su rostro, pálido como el de un muerto, sangraba por el pecho. Su belleza parecía aumentar con el dolor. Elena estiró la mano para tocarlo, pero él se desvaneció como una ilusión. Un sudor frío empapaba su espalda. No olvidaba que en ese mismo lugar, ella había hundido un cuchillo en su corazón. Él sangraba intensamente, pero aún así la abrazó con fuerza por la cintura, empujándola contra la ventana, besándola con pasión desesperada. Su sangre tiñó de rojo su vestido blanco. Sus labios, fríos, perdían el calor… Elena había pensado que moriría. Le rogó que llamara a un médico. Él no respondió, no hasta que ella cayó de rodillas temblando. Él la miró con una sonrisa cruel y dijo: “¿Por qué me suplicas, Shanshan? ¿No decías que querías verme desangrar hasta morir?” Sonrió con esos labios rojos. Una belleza al borde de la desesperación… “¿Señorita Elena? ¿Otra pesadilla?” Una sirvienta entró al escuchar su grito, encendiendo la luz. “El joven amo sabía que usted le teme a la oscuridad, por eso llenó Roselane de luces. Duerma con la lámpara encendida…” Elena estaba encogida en la cabecera, empapada en sudor. Dormía en la misma cama donde una vez se amaron, con su aroma aún presente. Soñaba con él cada noche. Fragmentos de recuerdos, escenas confusas. Vagaba por todo Roselane. Todo recordaba a él, pero él no estaba en ninguna parte… Era como si unos ojos negros la observaran desde la sombra. Una silueta seguía cada uno de sus pasos. Pero al girarse, desaparecía. Cuando tenía tiempo, pintaba en el estudio, leía, tocaba el piano. Como cuando era una canaria enjaulada, encerrada por él en ese lugar. Pero esta vez, no quería escapar. Estaba dispuesta a romper sus alas por él. Incluso cocinaba con las habilidades que había adquirido tras renacer, esperando su regreso cada día. Pero pasaba el tiempo, y él nunca volvía. Roselane, tan grande, se sentía vacía. “Moss, sé que puedes contactarlo. Si esta noche no vuelve, me mataré en esta mansión. Que venga a recoger mi cadáver.” Elena sonrió con una belleza triste. En sus ojos había una determinación feroz. Ella y Lucas Southgate… ambos eran extremos. Y si lo decía, lo haría. Moss vaciló, pero finalmente fue a hacer una llamada desde una habitación pequeña. Al anochecer, le dio la noticia: “El joven amo regresará esta noche. Prepárese, señorita Elena.” … Elena se arregló con esmero, usando el vestido de tul estrellado que él le regaló en su último cumpleaños. A medianoche, mientras los sirvientes dormían, ella aún lo esperaba… Él la amaba tanto. Seguro la perdonaría por su terquedad. Después de todo, ya la había perdonado muchas veces antes. A las tres de la madrugada, con la noche densa y silenciosa, se oyó el motor de un coche entrando en Roselane. Elena, con el corazón palpitante, corrió desde la terraza. Su vestido rozó las espinas de los rosales. El inmenso jardín estaba lleno de rosas. Una caravana rompía la oscuridad. Un Rolls-Royce se detuvo con majestuosidad. Bajó una fila de guardaespaldas vestidos de n***o. El hombre bajó del coche, apoyado contra la puerta mientras encendía un cigarrillo. Sus ojos, crueles y oscuros, se cruzaron con los de ella en la penumbra. Sus facciones eran perfectas, su aura brutal y fría. Sus pestañas, gruesas como barrotes de una jaula para panteras negras— Sus labios curvados con malicia, como el borde de una copa de martini manchada de sangre. Su piel blanca parecía no tener temperatura humana. Él era Lucas Southgate, el gobernante supremo del Norte, un hombre capaz de desatar una tormenta de sangre con solo pisar el suelo. Elena se lanzó como una ráfaga a sus brazos. Él se tensó, su espalda rígida como el acero. “Has vuelto…” murmuró con la nariz enrojecida, las lágrimas al borde, “Te he esperado tanto tiempo…” Lucas Southgate… fue mi culpa. Perdimos tres años. “Te he echado tanto de menos… cada día…” Lucas frunció el ceño, mirando desde arriba a la mujer entre sus brazos. Su camisa negra estaba desabotonada, revelando en la clavícula una marca de lápiz labial. Era tan alto, su sombra la envolvía por completo. “Jesse…” una bella mujer apoyada en la puerta del coche sonrió, “¿Así que esta es tu pequeña canaria?” Elena quedó paralizada. Al ver el rostro de la mujer, fue como si le cayera un rayo. Lacey Lin se aferró al brazo del hombre y dijo con dulzura: “Tiene cierto parecido conmigo, ¿no crees?” Lucas fumaba sin expresión, oculto tras la niebla del humo. “¿Es esta tu nueva sirvienta?” Elena lo abrazó con fuerza por la cintura, como para marcar territorio. El rostro de Lacey se transformó. ¿Sirvienta? “Ella es la señorita Lacey Lin,” presentó Moss. “La nueva favorita del joven amo.” “¿Otra vez jugando al juego de la canaria, Jesse? ¿Cuánto piensas quedarte con esta?” Elena alzó la cabeza, mirándolo fijamente. Tres meses de separación y ya traía a una copia barata. Las marcas en su clavícula, como rosas venenosas, ardían en los ojos de Elena.
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