—Tu cama está fría —dijo su voz en la habitación que hizo que mis ojos se abrieran desmesuradamente por el miedo.
Tragué saliva ruidosamente, volteando a ver la sombra acostada en mi cama. Se sentó emergiendo de las sombras. Su aspecto tétrico provocó que retrocediera del lugar, con el corazón acelerado.
—¿Qué estás haciendo aquí? –pregunté cuando sus pies tocaron el suelo y se levantó para comenzar a caminar hacia mí. Sus hermosos rasgos parecían más siniestros de lo habitual debido a la falta de luz en la habitación. Sin embargo no podía huir.
—Vine a conocerte —inclinó la cabeza—¿A dónde fuiste?
—Salí a caminar —respondí de manera rápida que lo hizo sonreír, una sonrisa perversa que solo me asustó más.
La fría pared chocó contra mi espalda, permitiendo que me arrinconara. Levantó la mano hacia mi rostro, asustada cerré los ojos, podía sentir los latidos de mi corazón en los oídos. Sus dedos recorrieron desde mi cuello hasta la clavícula, terminando en el valle de mi pecho. Mi cuerpo se estremeció cuando dibujó círculos imaginarios en el mismo lugar donde mantenía su mano.
—¿En medio de la noche? ¿Cuando la sombra se mueve y las personas no están mirando? —había visto detrás de mi mentira. Su cálido aliento chocó contra mis labios fundiéndose con el mío—. Mi dulce cachorro satánico.