Respiro profundo antes de golpear la puerta de la habitación de Carla y por dentro me repito una y otra vez todo lo que me dijo Alex, tiene razón, no puedo dejar que esto lo arruine todo. —¡Adelante! — dice lo suficientemente alto para que la escuche y dejando mi orgullo atrás, abro la puerta. No hago más que dar dos pasos dentro de la habitación y darme cuenta que Carla está preparando las maletas. —¿podemos hablar? — le pregunto acercándome. —Termino de hacer mis maletas y me voy a un hotel, no te preocupes, en un par de días regreso a San Francisco y no tendrás que verme la cara. — me explica. Me paro frente a ella y muevo la maleta a un lado —quiero escucharte y que me cuentes porque fueron, así las cosas. — le pido. Su mirada oscura como la noche se fija en mí y puedo notar qu

