Arabella se rascó la nuca y se rió nerviosamente. —Uhm, Ethan. Sé que me equivoqué al dudar de tu relación con ella, pero no puedes seguir enfadado conmigo. Después de todo, ¿acaso no soy tu querida esposa? Ethan se dio la vuelta para regresar a su escritorio de trabajo y ella lo agarró del brazo. —Vamos, cariño. Sé que me equivoco, pero ¿puedes al menos comer tu almuerzo? —Lo obligó a sentarse en el sofá y destapó la caja de comida. -Ya pedí el almuerzo. Arabella, vuelve a casa. Ara desenvolvió la cuchara y tomó una porción de comida. —Ethan, te dije que lo sentía. Ahora deja de molestarme. Ya me siento culpable por hacer llorar a tu secretaria. Abre la boca. Ethan presionó sus labios mientras ella colocaba la cuchara sobre ellos. —Ethan —se quejó Ara—. Deja de comportarte como un

