Cuando llegaron a casa, Arabella ya se había calmado un poco. Después de descansar un rato, antes de que llegara la noche, se puso a trabajar en sí misma. —Señora, ya casi es hora de cenar. ¿No puede esperar a terminar de comer? —No, Camila. No tengo hambre —respondió Arabella, poniéndose una máscarilla en la cara. El almuerzo que había comido ni siquiera había terminado de digerirse. Y tenía mucho que hacer, así que era mejor que empezara temprano. La criada asintió y se fue. Después de esperar a que se secara la mascarilla, Arabella se dirigió al baño. Pasaron horas. Se afeitó, se frotó y se lavó una y otra vez. Se puso un acondicionador en el cabello y lo dejó actuar durante treinta minutos -Bella. Arabella casi se había quedado dormida en la bañera cuando se escuchó un golpe en

