La espesura del bosque se acrecienta mientras la noche transcurre lentamente, la elección de esconderse bajo tierra y rocas tenía que ver con un asunto de seguridad y no de comodidad, no solo para ocultarse del jefe tribal y los cazadores, sino también para tener oportunidad alguna de escapar si se aparecía Agror, pues al no haber plantas o animales sus habilidades se verían limitadas. Con tantos años estudiado al señor de la tierra no era exagerado decir que lo conocía mejor que él mismo, por eso la amazona era tan dura y exigente con sus soldados, y más aun con los mercenarios que habían sido contratados para este trabajo, el alcohol y los placeres de la carne los hacían soberbios y cualquier error frente a este monstruo era imperdonable.
Las historias sobre el despiadado y sangriento amo de las bestias, señor de la naturaleza y destructor de civilizaciones eran muchas; millones de personas habían quedados enterrados vivos bajo los bosques que el creo, y otros miles fueron comida de los animales que le servían. No fue hasta hace cuatrocientos años que la marea de muertos comenzó a mermar de forma misteriosa y eso era algo que no podía salir de su cabeza, ¿Qué hizo la diferencia? Era quizás la pregunta más común pero nadie conocía la respuesta, para la amazona ningún criminal se reforma completamente, una parte de él siempre estará en espera del momento para hacer lo que mejor sabe y por ello no podía confiar en un personaje con título de SEÑOR, solo la señorita merecía su respeto y lealtad indiscutiblemente. En ella estaba su fe y la fe de que este mundo se convertiría en un mejor lugar si se hacían las cosas correctas, sin importar lo alto del costo y lo arduo del trabajo.
No fue sino hasta que los Mangolines comenzaron a aullar que volvió su mente a este mundo –esto no me gusta- se dio media vuelta, levanto el colchón y un guante amorfo izquierdo n***o sin dedos, le cubría el antebrazo entero y tenía solo dos gemas, una amarilla y una gris. Tomo el baúl y lo saco a la sala donde los guardias estaban quejándose de los aullidos de los animales, otros jugaban cartas o conversaban para pasar el rato, y solo unos pocos dormían –prepárense para pelear, no se alejen mucho y manténganse en guardia cerdos, ya viene para acá.
-no pensé que llegara tan rápido-
-que esperabas, es el señor de la tierra, esconderse en un bosque es inútil contra él-
-Ya cállense y haga lo que el jefe ordeno-
Los guardias corrieron y sus guantes se transformaron en ballestas cuyas flechas eran de una luz verde muy tenue, todos salieron y formaron un semicírculo frente a la choza apuntando en todas direcciones a la espera de la más mínima señal de movimiento. No había viento que moviera las hojas en ese momento, y solo se podía oír el aullido inquietante de los mangolines en la copa del árbol, diversas sombras a lo lejos hacían que sus corazones latieran con más fuerza, pero su lealtad estaba con la señorita Von Schmitt. El jefe los escogió personalmente para su equipo debido a su convicción, así que sin importar a quien se enfrentasen, no retrocederían sin dar pelea. El aullido de las bestias ceso de golpe, no había ruido alguno que perturbara el aire, y lo peor vino cuando los mangolines cayeran como torrencial de invierno en medio del campo.
La situación les agarro totalmente desprevenidos, algunos cayeron sobre uno que otro soldado provocando que dispararan su ballesta accidentalmente, una de las flechas dio en un árbol y desapareció, dejando una mancha verde que poco a poco corroyó la corteza del mismo dejando un hueco del tamaño de una palma sobre la misma. –No se distraigan, mantengan la formación- grito el más alto de todos, quien parecía ser su jefe. Los mangolines que cayeron salían corriendo hacia el bosque sin prestarles atención a los soldados que estorbaban su paso.
-esas son las criaturas más inteligentes de la isla…- una voz reverberó por todo el lugar sacudiendo la mente de todos que no tardaron en buscar la dirección de la misma –reconocen la fuerza del jefe, y se alejan…- el jefe del equipo se dio cuenta rápidamente del lugar donde se originaba la voz, pues su aliento llego a su nuca y una sensación de parálisis de apodero de toda la parte izquierda de su cuerpo, lo que le obligó a dejar caer la ballesta mientras poco a poco caía al suelo –ustedes deberían aprender de ellas y huir o la cosa se pondrá mu fea para ustedes- dijo al tiempo de sacar varias agujas de entre sus ropas.
Saben que ocultarse de mí en un área llena de vegetación es la peor idea que pudieron tener, ¿cierto?, pero supongo que no tuvieron más opción que seguir las ordenes de esa mujer después de todo, porque mejor no toman a su compañero e imitan a los mangolines, estarán a salvo si hacen eso-
Sin siquiera prestar atención a lo que decía dispararon, las flechas de luz eran reemplazadas inmediatamente por otras, así que los disparan eran continuos, pero cada uno fue interceptado por una aguja que al chocar la hacía estallar en el aire como fuegos artificiales. El destello les obstruyo la vista por un segundo, suficiente para que varias enredaderas salieran del bosque y arrastraran a varios de ellos, el más joven vacilo un momento al ver a sus compañeros se arrastrados a la espesura de la vegetación, y al darse la vuelta Agror apareció justo frente a el –sirves al bando erróneo chico- dijo antes de golpearlo con su palma en el abdomen, dejándolo sin aliento y tendido en el suelo luchando por recobrar la respiración. Fue solo cuestión de tiempo para inhabitar uno por uno a los demás guerreros, unos quedaron inconscientes en el suelo mientras otros tendidos de cabeza atados con lianas y frutos creciendo justo al lado de sus rostros. Solo cinco de ellos quedaban de pie, y seguían de pie y sus ballestas fueron reemplazada por escudos y espadas.
-estas tierras han visto mucha sangre, más de la que ustedes pueden imaginar, por favor ríndanse- la mirada de Agror mostraba al autoridad que poseía como señor de la tierra, era firme y decidida pero también reflejaba su experiencia en combate y el frio asesino de un individuo que tiene cuenta clara de la cantidad de personas que ha asesinado.
-lo lamento, pero nuestra lealtad no está con ninguno de ustedes, nuestra lealtad es hacia muestra propia especie- una mujer alta salió de la choza, y al verla Agror no pudo evitar sorprenderse
-eso explica porque han actuado tanto tiempo sin ser descubiertos, si las amazonas se enteran de la presencia de una desertora no tardaran en llegar al puerto sin tierra para cazarte- fue muy difícil ignorar el guante que la amazona tenia puesto –y supongo que estabas preparada para eso-
-suelta a mis hombres ahora y quizás podamos retirarnos sin causarte daño- Agror sintió como la mujer trataba de asfixiarlo con su mirada, el odio era palpable pero también su inteligencia puesto que no le ataco, por el contrario, mantenía su guardia alta para evitar cualquier posible contraataque del señor de la tierra.
-no tienes por qué estar tan tensa, si tuviese intenciones de matarlos no estaríamos hablando en este momento. Aun así, no puedo dejar que se vayan, causaron muchos daños a la gente de la isla y deberán afrontar las consecuencias, sin mencionar que tienen prisionero a mi amigo- al mencionar a Joseph, su voz se volvió más aguda, esto causo que se pusieran en guardia levantando sus escudos.
-no sé de qué me hablas-
-hablo del hombre al que drogaste y encerraste en un baúl, no sé qué pretenden hacer con él, pero no puedo dejar que lo mantengan cautivo por más tiempo, así que les diré por última vez, ríndanse-
La amazona levanto su mano izquierda y grito a todo pulmón - ¡SI QUIERES QUE DEJE DE PELEAR PRO MI CAUSA TENDRAS QUE ARRANCARME EL CORAZON! - y al bajar su mano su guante se transformó en una espada claymore que se enterró hasta la mitad y levanto un circulo de fuego que rodeo a todos sus soldados y a sí misma. – ¡Muévanse gusanos! - ordeno, y varias flechas salieron disparadas desde detrás de los escudos, por lo que algunas hojas se pusieron frente a agror para protegerlo, pero ninguna fue impactada por ellas, su objetivo era los hombres que estaban colgando, quienes al caer se desataron y dispararon por la espalda al Señor de la tierra
Aunque reacciono rápido, las flechas traspasaron las hojas que lo cubrían y algunas incluso atravesaron sus brazos, piernas y tórax, haciendo que una bocanada de sangre saliera de su boca –flechas de fuego, de donde fue que ustedes…- pero antes de terminar de hablar la amazona abalanzo haca el, y de igual forma su espada corto las hojas pero ya Agror no estaba allí. Levanto su mirada y lo vio salir de la rama de un árbol mientras varia lianas se lanzaban hacia ella y sus hombres, pero estas se quemaban y hacían cenizas antes de tocarlos –entonces no era miedo a la amazonas, era miedo a mí-
-yo no tengo miedo de ti o de algún señor, nosotros forjamos nuestro propio destino, por ello no dejo nada al azar-
-por eso tu claymore está equipada con una gema de fuego fantasma, y tus hombres tienen una gema de resonancia incrustadas en su armadura- se agacho, y sin quitar sus ojos de la enorme mujer levanto sus manos y todos los arboles comenzaron a atacar, inclusive el árbol gigante que estaba sobre la choza dejo caer varias de sus ramas sobre el grupo de soldados bajo sí. De forma automática levantaron sus escudos y estos brillaron con un rojo intenso, haciendo que las ramas se quemaran en el aire, solo que ahora eran bolas de carbón las que llovían sobre ellos mientras la vegetación que los rodeaba gemía de dolor ante las altas temperaturas.
-no podrás doblegarnos, nuestro espíritu arde ahora más que nunca- dijo viendo directo a los ojos a la mujer que había esquivado y cortado cada rama que se lanzó en su contra, ciertamente había tenido suficientes combates como para desarrollar gran agilidad y destreza, al combinarla con su fuerza natural era más que evidente que esta mujer era una guerrera peligrosa para cualquier hombre, pero no para un señor como Agror que había vivido durante cientos de lunas.
-no me temes, y puedo decir con certeza que tampoco me admiras, y tu mirada me dice que me odias pero no por quien soy, sino por lo que crees que soy, así que viendo tanta preparación de tu parte no es descabellado decir que tu intención no es otra que matarme, y te has estado preparando para eso-
-y de ser así fuera ¿Qué?- aunque su mirada era fría, su corazón latía con fuerza, le era muy difícil ocultar la intención de matar; no odiaba a Agror, ella odia a los señores, lo que son. Que simples humanos aspiren a estar algún día entre ese selecto grupo le parece una aberración, puesto que solo buscan su propio beneficio, solo la señorita era digna de su respeto y lealtad, y si ella ocupara uno de esos cinco puestos era más que seguro que este mundo sería un mejor lugar para mujeres como ella, sin hogar.
-bueno, vivir con todo ese rencor no te llevara a ningún lado, pero es más que evidente que no tengo la capacidad de hacerte cambian de parecer- fue largo su suspiro pues hace décadas que la violencia es su último recurso, pero eso no significa que no tuviese que serlo de vez en cuando –aunque me gustaría poder tener más tiempo para hablar ustedes han cometido una gran cantidad de crímenes y son los principales sospechosos de otros cientos, a mi parecer, por lo que no puedo dejar que se vayan- al tiempo que terminaba de pronunciar sus palabras tomo una rama que se estiro hasta convertirse en una larga vara de unos 180cm de color n***o.
Golpeo el árbol y como una reacción en cadena todos lanzaron hojas hacia los guerreros que se defendían inmutablemente con sus escudos, y aunque las hojas se quemaban antes de siquiera tocarlos su vista estaba obstruida enormemente, la amazona se cubrió con sus brazos mientras miraba a los alrededores esperando descubrir de donde vendría el ataque, pero los impactos vinieron de distintas direcciones y ángulos; tras su rodilla izquierda, la parte interna de su hombro, su frente y su abdomen al final, cada impacto más fuerte que el anterior la dejaron de rodillas -cobarde, porque no te muestras como un hombre- dijo con furia, y para su sorpresa una mano salió de entre las hojas y la tomo del cabello, levantándola con fuerza y lanzándola hacia donde estaban sus hombres.
La formación se rompió instantáneamente, la tormenta de hojas se detuvo y los hombres que quedaban de pie trataban de levantar a sus camaradas que estaban inconscientes junto a ellos. Mientras estaba en el piso apretó sus dientes y maldijo con todas sus fuerzas, miro hacia la choza y se concentró en el retrato de su amada señorita, ciertamente todo lo que hizo fue para engrandecer su nombre, pero solo en una noche estaba dejándola en ridículo, todavía no tenía la fuerza necesaria para ayudarla en su ambición, cualquier idea que llegara a su cabeza en este momento solo terminaría en fracaso ante este monstruo inhumano; solo había una alternativa, una última luz en la oscuridad –todos, entren- ordeno mientras se colocaba nuevamente de pie con su espada volviendo a su forma de guante. Sus mejores hombres estaban heridos físicamente, pero sus palabras dejaron un impacto muy fuerte en sus corazones.
Cabizbajos se mordieron la lengua, otros titubearon y todos se tragaron sus palabras mientras tomaban a sus compañeros y entraban a la choza, Agror se impresiono un poco ¿que estarán planeando, acaso tienen algún arma oculta, u otro túnel? Se preguntó, pero un pensamiento vago surgió de su cabeza –recuerda mis palabras señor de la tierra, yo Margaret Hammer te derrotare en nombre de la prestigiosa familia Von Schmitt, algún día- y dicho esto se dio vuelta para entrar a la choza. Dentro de la habitación, el cuadro de Elena Von Schmitt resplandeció de forma cada vez más intensa, al punto de que el lienzo comenzó a desvanecerse y la pequeña gema que simulaba ser su collar se fue mostrando de forma completa, en el piso de la choza varias gemas comenzaron a iluminarse con la misma fuerza y una torre de luz envolvió todo el lugar, incluso el gran árbol quedo atrapado por ella.
Cuando agror se dio cuenta hizo lo mejor que podía hacer, asegurar a los animales que estaban alrededor, golpeo la tierra con sus palmas abiertas y los arboles del bosque alrededor de la choza comenzaron a mover y entrelazar sus ramas, creando una pared que rodeo completamente el lugar –como no me di cuenta antes, estos desgraciados van a abrir una puerta de luz- se reprendió al ver como la luz se elevaba hasta penetrar las nubes las nubes. Y en solo cuestión de segundos una fuerte fuerza de succión trato de arrancar los árboles que rodeaban el lugar y al mismísimo Agror que se transformó nuevamente en escarabajo y se aferró lo más fuerte posible a la pared de madera. La luz se la trago el cielo y en lugar del gran árbol y la choza, un cráter enorme estaba en su lugar. Agror está allí de pie, los arboles lentamente tomaban su forma original y los mangolines de aglomeraban para ver como el árbol que fue su hogar durante tantos años había desaparecido –esto no es bueno, he sido muy descuidado con mis deberes- no podía dejar de reprenderse, peor sabía que no era momento de lamentarse, la situación todavía no estaba bajo control.
Los mangolines aullaban de dolor, habían perdido el que era su hogar, su refugio natural, ahora les sería difícil encontrar un lugar seguro nuevamente –que vamos a hacer ahora, ese era el único árbol con un tronco tan alto que ninguna otra criatura se atrevía a escalarlo, ahora me temo que muchos de nosotros morirá antes de encontrar otro lugar seguro para dormir-
Para el señor de la tierra, entender a los animales era tan fácil como escuchar a una multitud bulliciosa en una calle, así mismo podía entender el sentimiento de pérdida de los mangolines, así que se arrojó al cráter y llego a su centro, tomo una semilla y coloco un poco de agua de una bolsa de cuero que tenía entre sus ropas, en solo unos segundos un brote amarillo salió de ella y pequeñas raíces comenzaron a incrustarse en la tierra, sin siquiera voltear a ver lo que pasaba Agror dio unos cuantos saltos y regreso junto a los mangolines –quédense en la copa de los árboles y esperen un poco, antes de que amanezca tendrán un nuevo hogar, se los prometo- dicho esto camino con paso apresurado hacia el sur, debía regresar a la isla principal lo antes posible.
…
Una columna de luz que parecía unir el cielo y la tierra se pudo ver hacia el norte desde el puerto sin tierra, solo duro unos segundos pero fue algo que no pudo escapar a la atención de miles de personas que caminaban de un lado a otro agitados ante los problemas que arropaban el lugar, la terminal había sido cerrada por órdenes del jefe tribal, peor todavía nadie daba información sobre lo que sucedía en la isla, esto generaba ansiedad en la personas que deseaban llegar lo más pronto posible a su destino final.
Como si eso fuese poco, varios barcos se habían hundido en las últimas cuatro horas, todos estaban cargados con alimentos de importación, maquinaria de importación y minerales que fueron vendidos hace ya varias semanas atrás y no habían sido entregadas por varias fallas en las refinerías, y como si fuera poco, los suministros de agua potable habían sido reducidos considerablemente en los últimos días, por lo que el descontento de la gente había llegado a su tope esa noche, no se sentían seguros o valorados y mucho menos escuchados por su gobernante, así que una serie de disturbios se había hecho fuerte durante la noche; pero ni siquiera la luz misteriosa logro sacarlos de su cólera.
Sentado en una terraza, Flower observaba la situación mientras sus hombres le llevaban reportes continuos sobre la situación en el puerto sin tierra –a este paso no habrá fuerza en la tierra que frene a estas personas señor- pero su expresión era de disgusto, sorbió su taza de té al tiempo que trato de mantener su compostura.
-nos vamos enseguida, todo se fue al carajo, dile a todos que quien siga en esta isla después de una hora será enemigo de la señorita y será asesinado si tan solo pisa nuestra amada nación-
Todos lo miraron perplejo –pero.. mi señor, hemos tenido éxito en nuestra misión, tanto en las fábricas, los campos y refinerías-
-si, pero esa estúpida fracaso y no pasara mucho antes de que nos expongan, lo mejor que podemos hacer es desaparecer y dejar en duda todo lo que paso aquí- dijo terminado de tomar su te, poniéndose de pie y lanzándose del balcón hacia la multitud, donde desapareció rápidamente.