* * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * Amélie * * * * * * * * * * * * —Perdón, perdón —me dice él, verdaderamente apenado a la vez que saca su celular—. Perdón —añade; y yo me quedo observándolo para después, de forma inmediata, ver mi reloj. «Diez y cuarenta», repaso en mi mente lo que apuntaban las agujas del accesorio que se encargaba de darme la hora. —Lo siento, Dupont —vuelvo a escuchar la voz de Baker. —No… se preocupe —articulo un tanto pensativa—. ¿Todo bien? —pregunto de pronto; y él asiente. —Sí… todo bien —responde muy seguro—. Solo era la alarma de mi celular —me comenta. —Ah… —articulo un tanto desanimada al deducir por qué había programada una alarma en su celular. —¿Le parece si regresamos a nuestros lugares? —me pregunta de

