Dos de la mañana y amira había llegado a casa, no había ningún ruido y todo estaba apagado. Se había pasado las horas en casa de Amanda y Zayn había aceptado ser otro cómplice para ayudar Amira y que su primo fuese feliz de una vez. Cuando entró, se quitó los zapatos para no hacer ruido al caminar, los cogió en la mano. Cuando se disponía a subir las escaleras, una voz ronca, la asustó. —¿De donde vienes a estas horas? — ella se giró con una mano en su pecho, Amir había encendido la lámpara que tenía a su lado. Tenía el rostro serio y estaba mosqueado. —Te he hecho una pregunta. —¿Por qué tendría qué responderte? — se cruzó de brazos. —¿Tú me has dicho donde has ido esta mañana? No, entonces yo no tengo porqué darte explicaciones... Esposo. —Amira, es distinto. — ella asintió. —Yo so

