Capítulo//04

1030 Words
Amira esperaba Amir, vestida con un vestido rojo largo, unos zapatos altos y su pelo suelto por sus hombros. Su maquillaje elegante y no muy marcado. Estaba con un sonrisa en los labios, esa sonrisa no podía borrarla, era imposible. Se miraba repetidamente en el espejo, quería estar bonita para él. No le importaba ningún hombre, solo Amir. Cogió su bolso y salió de la habitación, al bajar al salón, su tía la sonrió emocionada. Sus tíos la criaron cuando sus padres murieron en el accidente y su único tío, se hizo cargo de ella. Ellos no pudieron tener hijos y Amira, era como una hija. Su tío se acercó a ella, y la dejó un beso en la mejilla. —Estas hermosa, hija. — dijo su tío. —Amir se va a quedar embobado cuando te vea. —¿De verdad? — él asintió. —Estoy nerviosa. —Tú se como eres, que así, le vas a encantar. — dijo su tía colocando su pelo. —Espero que si. — sonrió. —Tú pásalo bien y mañana me cuentas. — dijo la mujer. —Me lo cuentas con lujos de detalles. —Te contaré todo. — prometió. Escucharon la puerta y ellos se miraron. —Ahi está, ve. — ella caminó hasta puerta. Suspiró profundamente y abrió, al abrir se encontró con Amir con un vaquero n***o, un polo blanco y zapatillas blancas. Las mangas de la camiseta, apretaban sus brazos. Se podía ver un poco el tatuaje, que parecía que lo tenía sobre su hombro. Amir la miró de arriba abajo y sonrió falsamente, la dio la mano y fueron hasta el coche. —Te queda de maravilla ese vestido. — la observó con esos ojos que a ella, tanto le encantaba. —Estas hermosa, el rojo te favorece. —Gracias. — agradeció avergonzada. —Llevas un tatuaje. — Amir lo miró de reojo. —¿Tiene algún significado? —Si, te lo contaré en la cena. — ella asintió. Amir abrió la puerta de su Lamborghini blanco y la ayudó a subir. Rodeó el coche y fue hacia su lado, arrancó y fue camino al restaurante. De camino al restaurante, el olor de la joven, entraban por sus fosas nasales. Su fragancia con olor a vainilla, inundaba en todo el coche. Él miraba la carretera concentrándose en no pensar en su olor dulce. —Mañana no podremos quedar, me voy con mi padre a Grecia. — rompió el silencio. —Pero te llamaré. —No te preocupes, cuando vuelvas podemos vernos. — respondió tocando su mano, él lo apartó bruscamente. —Perdón. —No, perdóname tú. Es que me has dado un chispazo. — ella rio y él la siguió. Amira estaba muy agusto con él, pero al escucharle reír de aquella forma, fue como una melodía dulce, jamás le había escuchado reír de aquella manera. Amir, por una vez, había reído a carcajadas, porque ella le había contagiado su risa. Cuando llegaron, él salió primero y la ayudó a salir, cogiéndola de la mano. Caminaron juntos hasta el interior del restaurante, él abrió la puerta y la dejó pasar primero. Un camarero se acercó y supo que eran los duques. —Buenas noches, altezas. — dijo el hombre con educación y una leve reverencia. —Su mesa ya está lista. Amir, llevó su mano hacia la espalda de Amira y fueron hasta la mesa que habían reservado. Apartó la silla, para que ella se pudiera sentar y luego se puso frente a ella. Amira tenía sus manos debajo la mesa, sus manos se flotaban con sus muslos. Las manos le sudaban y no sabía cómo lo secaría. Amir la miraba y por un momento quería dejar la mente en blanco y disfruta con ella. Pero no podía, la odiaba, por culpa de ella le casaban. Ella le eligió para ser su esposo, ella era la culpable de tener que contraer matrimonio con ella. Por eso la odiaba, no podía tenerla cerca y sonreír. Pero tenía que calmarse y jugar al juego que el mismo había inventado, si ella quería un matrimonio con él, él la iba a enseñar lo que era la infelicidad, la humillación y la infidelidad. La iba hacer la vida imposible, por abrir la boca y elegirle a él como esposo. —Bueno, Amira. Cuéntame de ti, tus gustos y eso. — la dijo sirviendo las copas de vino que el camarero les había dejado. —Bueno, mis tíos son como mis padres, ellos me criaron cuando mis padres fallecieron. — respondió. —Me gusta mucho leer, montar a caballo, la naturaleza y las flores. — él asintió, «Amargada, estupendo.» pensó él con desagrado. —¿Y a ti? —Bueno, no se qué decirte. Me gusta estar con mis primos, salir y tomar algo. La mayoría del tiempo estoy con la realeza y organizando mis responsabilidades. —¿Nunca te has enamorado? — aquella pregunta, le borró la sonrisa al árabe. Amira inocentemente, tocó un lado sensible de Amir. Ella era muy curiosa y quería conocer más a Amir sin hacerle daño. —No. — mintió descaradamente. —Pero si te diré que me gustas. — ella se sonrojó. —Es imposible no ver tu belleza y lo dulce que eres. — quería enamorarla más de lo que ya estaba quería ilusionarla, llevarla al cielo y luego soltarla. —Eres bellísima, Amira y no voy a ocultar que me gustas. —¿De verdad te gusto? — él asintió. Pobre Amira, era tan inexperta con los hombres que no sabía lo que era las palabras falsas, las promesas vacías y el desamor. —Tú también me gustas, Amir. — «Estas enamorada, Amira, por eso me elegiste como tu esposo.» pensó, sonriendo. —Pues sentimos lo mismo, preciosa. Brindemos por nuestro matrimonio. — chocaron las copas y bebieron. Amir quería hacerle daño, quería que ella se arrepintiera de todo. Amira con él, iba aprender lo que era el infierno, el daño emocional, los maltratos psicológicos. Iba a conocer a Amir, pero lamentablemente, lo haría cuando llevará su anillo en el dedo. «Seré tú Calvario y tú infierno, amargada.» pensó Amir con un sonrisas.
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