Amir ya llevaba una botella entera bebida, se lo había tomado él sólo. El camarero, cogió su teléfono y marcó el número de Abdel. Le había comentado que su hermano, estaba ebrio, que fuese a buscarlo. Amir se refugiaba en la bebida, el alcohol era su único consuelo, su consejero. Aunque realmente, el alcohol, no era una buena salida. Sintió que la silla de su lado, fue arrastrada, miró y vio a su hermano. —¿Has venido por mi? — preguntó con voz ebria. —¿Ahora te has vuelto mi guardaespaldas? —Si vengo a por ti, es para no darle más dolores de cabeza a padre. — exclamó. —¡Levanta el maldito culo de ahí! —dijo ayudándole a levantarse. —No comprendo porque sigues así, me avergüenza, Amir. —La llamé y me colgó. — Abdel lo sacaba del bar. —Gracias, Josué.— agradeció al camarero, que re

