Capítulo XXXI Ya imaginarán con qué interés escuché. Veinticuatro horas más tarde se percibió que todos esos detalles tenían alguna importancia. Por la mañana, Cornelius no hizo alusión a los sucesos de la noche. —Supongo que volverá a mi pobre casa —murmuró, con aspereza, escurriéndose hacia Jim en el momento en que éste entraba en la canoa para dirigirse al campong de Doramin. Jim sólo asintió, sin mirarlo—. No cabe duda de que lo encuentra divertido —masculló el otro con tono agrio. Jim se pasó el día con el viejo makhoda, predicando la necesidad de una vigorosa acción ante los principales hombres de la comunidad de los bugis, quienes habían sido convocados para una gran conversación. Recordó con placer cuán elocuente y persuasivo se había mostrado. —Conseguí infiltrarles un poco de

