Sara la miraba llorar, sonriendo satisfecha. __ Te dije que yo era la mujer de su vida; tú solo eres una estúpida e ilusa que se cree el cuento de que por ser la esposa le aman. __ ¡Largo de mi casa! Sara se fue sonriendo a más no poder, se sentía dichosa porque había cumplido con su cometido. Ahora solo tenía que esperar la separación para poder tener a su amado para ella sola. Alejandra, ahogada en llanto, subió las gradas a toda prisa y empezó a empacar su ropa. Decidió dejar una carta escrita a Alez. Caminó por las calles invadida de lágrimas, tomó un taxi y se perdió en la autopista. Cuando Alez llegó, lo primero que hizo fue ir a su habitación para ver cómo estaba su esposa, pero al abrir la puerta no la encontró, buscó en la habitación del niño, tampoco estaba, regresó a la hab

