Capítulo 2 Discriminación.

938 Words
Capítulo 2 Discriminación.—Señor, por favor, espéreme aquí unos minutos. ¡No tardaré! —le dijo Shenie al conductor del taxi cuando llegaron a la zona residencial, ya que no era nada fácil encontrar un taxi por la zona. —Vale —le respondió. Shenie corrió hacia la enorme casa, tenía que conseguir ese dinero lo antes posible e ir al hospital. —Señorita, usted… —la sirvienta abrió la puerta con una expresión amable. Pero en cuanto reconoció a Shenie, le cambió el semblante. —¿Está buscando al señor? —le dijo con frialdad. Shenie no tenía tiempo de protestar, así que simplemente asintió con un gruñido. —El señor está muy ocupado, tendré que… —contestó la sirvienta, intentado disuadir a Shenie. —Lo he llamado antes —la interrumpió Shenie. —Pase entonces —le respondió la sirvienta con tono frío e incómodo por la interrupción. Shenie entró sin dudar ni un segundo. La mansión era enorme y magnífica, decorada con mucho gusto al estilo europeo. Jacob Yales estaba sentado en el sofá leyendo el periódico. La vio entrar, pero no dijo nada al mirarla; sin embargo, la mujer que estaba a su lado parecía muy nerviosa. —¿Has terminado lo que tenías que hacer? —le preguntó. Shenie asintió sin decir ni mu. La miró sin decir nada. —¿Te han descubierto? — volvió a preguntar la mujer. Shenie negó con la cabeza. La mujer suspiró de alivio y cogió a Jacob del brazo con una sonrisa. —Querido, eso es una gran noticia. ¡Por fin nuestra pequeña Yanie se convertirá en la señora Hanks! —dijo con evidente alegría. Jacob dejó el periódico y le dio una palmadita en la mano. —Se avecinan cosas buenas. Sabía que nuestra pequeña Yanie no nos decepcionaría —dijo en tono tranquilizador. —Así es, cuando Yanie se case con el hijo de los Hanks, nuestro hijo tendrá el futuro asegurado —siguió Jacob con una gran sonrisa. —Sí, tenemos que atar bien a la familia Hanks —corroboró ella. —¿Dónde está mi dinero? —protestó Shenie de pie a su lado. No tenía tiempo para escuchar sus tonterías. Aquella mujer era la razón por la que sus padres se divorciaron. Parecía que esa mujer que no paraba de sonreír se cuidaba mucho, ya que no se apreciaban muchas arrugas ni patas de gallo alrededor de sus ojos. Su padre tuvo una aventura con ella cuando todavía estaba casado con su madre y, además, su amante le había dado un hijo precioso. Para una persona como él, un hijo era todo un tesoro, ya que sería el heredero de su apellido y por esa razón valía mucho más que sus hijas. Yanie Yales había crecido con ellos y para ella eran su familia, pero trató a su madre biológica y a su hermana como basura. Jacob frunció el ceño, no le había gustado nada esa respuesta de Shenie. —Mírate, tan pobre y repugnante, y aquí estás pidiéndome dinero —se burló de ella. Shenie apretó los puños para contener la ira. —Querido, ¿por qué estás tan enfadado con esta paleta de pueblo? La criaron en una aldea, ¿cómo puedes compararla con nuestra pequeña Yanie? —dijo la mujer con sarcasmo. —¡Ja! —Shenie no pudo evitar soltar una carcajada burlona. —¿Quién fue el que suplicó ayer a una pobre paleta que le hiciera un favor? ¿Qué pasa? ¿Estás chocho y no te acuerdas de nada? ¿Quieres que te lo recuerde? —replicó. Aflojó la fuerza de su puño. No había ninguna necesidad de perder los estribos con una persona así. —¿Así es cómo te educó tu madre? —Jacob se levantó con los ojos bien abiertos y llenos de ira. —¡Soy tu padre y deberías respetarme! —volvió a decir. Shenie lo miró y negó que tuviera padre. ¿Padre? Desde hace mucho que ella no tenía un padre. —¡Shenie Yales, z*orra desgraciada! —gritó Jacob enfurecido. Dio unos pasos hacia adelante y levanto la mano para darle un tortazo. Shenie no esquivó la mano, sino que se puso recta, levantó la barbilla y lo miró con decisión. —Vamos, pégame. Para ti nunca fui tu hija —contestó. Jacob detuvo la mano en el aire, no era capaz de golpearla. —Vale, vale. Coge el dinero y lárgate de aquí. ¡No ensucies nuestro hogar y no disgustes a mi marido! —dijo la señora de la casa, lanzando el cheque delante de Shenie y tirando del brazo de Jacob. Miró la cantidad que había escrita en el cheque: 200.000 yuanes. Ese era el precio a cambio de su virginidad. No sabía si era demasiado barato o merecía la pena perder la virginidad por todo ese dinero. Era la primera vez que la familia Yales le daba dinero y posiblemente la última. Se mofó con frialdad, en parte porque se estaba riendo de sí misma y porque toda esa situación le parecía ridícula. Antes de darse la vuelta para irse, dobló el cheque y se lo guardó en el bolsillo. —Coge tu dinero y márchate de aquí. ¡Y no vuelvas nunca más! —le advirtió Jacob. —¡Sí! ¡La familia Yales solo necesita una hija! ¡Puedes volver al lugar de donde viniste! —replicó la mujer. Shenie se quedó paralizada y volvió a apretar los puños. ¿Acaso trataban de obligarla a no volver por si ella arruinaba sus planes? ¡Qué gentuza más mala!
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