Capítulo 4 Algo va mal.Cayó la noche. El último piso del edificio era la oficina del director. Yanie Yales miró tímidamente a Charles Hanks.
—Gracias por tu arduo trabajo hoy —le dijo Charles cogiéndola entre los brazos.
Su voz era tan suave y profunda que podía hipnotizar a cualquiera.
Yanie hizo un suave gesto de negación con la cabeza y no pudo ocultar su alegría.
—Tú eres el que ha trabajado duro. Ha sido toda una sorpresa —le dijo.
Yanie estaba muy feliz y no se sentía para nada cansada. Por fin se había convertido en la prometida del hombre que le gustaba desde que tenía seis años. Charles sonrió y le acarició el rostro.
—Deja que organice todo, tú deberías ir a la escuela, ¿qué te parece? —le dijo con ternura.
Charles era muy alto, medía un metro noventa, y a pesar de estar sentado en la silla de la oficina, seguía pareciendo muy alto. Era atractivo, guapo y maduro. Nadie podía competir con él. Podía enamorar a cualquier mujer con tan solo una sonrisa. Yanie, por su parte, había sacrificado mucho para conseguir engatusar a Charles. Boicoteó a las hijas de muchas familias ricas, hizo todo lo posible por ocultar su verdadero yo y mostró solo la personalidad que le gustaba a Charles. Por suerte, Dios fue justo con ella y sus esfuerzos no fueron en vano. Charles se enamoró de ella. Y aunque fuera nevaba y hacía frío, Yanie podía sentir el calor que desprendía su cuerpo.
Presionó su cabeza contra el pecho y sintió que había amor verdadero entre ellos. ¿Por fin iba a suceder? Aunque ella no era su primera chica, no importaba nada mientras su relación fuera para siempre. La pasión inundó la habitación. Yanie estaba deseando que llegara el momento. La mano de Charles se deslizó hacia su cintura y la agarró con fuerza. Su respiración se volvió temblorosa y le susurró algo al oído con esa voz tan sexy y ruda. Yanie sintió que perdía la cabeza.
—Charles —murmuró.
Deseaba que él la besara y él también lo deseaba. Le cogió la barbilla y la levantó despacio. Se inclinó hacia ella, mientras sus labios se acercaban cada vez más. Yanie no podía respirar y estaba tan nerviosa que le pareció que su corazón se había parado. Pero la boca de Charles se detuvo justo cuando quedaban tan solo unos milímetros entre ellos.
—¿Charles? —Yanie abrió los ojos despacio.
—¿Qué pasa, Charles? —preguntó confundida.
—¿A qué hueles? —dijo Charles, frunciendo el ceño y cambiando el tono de voz.
—Es el perfume MB de edición limitada. ¿Por qué? —preguntó ella.
Charles Hanks bajó un poco la cabeza y ocultó su rostro. Yanie no podía ver su expresión y estaba asustada.
—Charles… —no entendía nada.
—Es tarde —la apartó suavemente y movió la silla hacía atrás.
Se levantó y caminó hacia la ventana, dándole la espalda a Yanie.
—Pediré que te lleven a casa —contestó Charles.
—¿Qué sucede, Charles? ¿He hecho algo mal? —Yanie no entendía nada. No entendía por qué su actitud había cambiado de repente. Dio unos pasos hacia él, le agarro de la manga y suplicó.
—¡Dime! ¿Quieres que me cambie? —dijo asustada.
—No te pasa nada. Mañana tienes que ir a la escuela, así tienes que volver a casa pronto —sonrió Charles, pero su tono de voz era frío.
Apartó la mano de Yanie con cuidado y se remango. Después llamó a su secretaria para que alguien viniera a recogerla. A pesar de estar confundida por su cambio de actitud, Yanie no se atrevió a seguir preguntando. Charles Hanks, al fin y al cabo, era el presidente de una de las empresas más importantes e influyentes de Ciudad S. Puede parecer amable, pero Yanie sabía que cuando tomaba una decisión, era inútil oponerse a sus deseos. Así que, finalmente, tan solo asintió con la cabeza y salió obediente de la oficina.
¿Qué había pasado? ¿Por qué el hombre que acababa de darle un beso en la frente al recogerla por la mañana, de repente, se comportaba de forma tan fría con ella? ¿Qué había salido mal?