Narra Maicol Todavía estaba tambaleándome, pero mantuve mi respiración tranquila y mi sonrisa brillante cuando ella salió del comedor para unirse a mí. Intentó ocultarlo, pero pude ver que estaba molesta. Tenía los ojos llenos de lágrimas y parecía muy asustada. Sin duda, Erika petrificada entraría allí y destrozaría su mundo al descubrirnos. —Lamento que hayas tenido que escuchar eso— le dije, y ella sacudió la cabeza. —No—dijo ella—.Lamento haber tenido que escuchar eso. Eso fue muy privado para ti. —Realmente no me lo esperaba— dije, y me agaché para recoger los pedazos de la taza. Fernanda vino a unirse a mí y traté de ahuyentarla por si se cortaba, pero ella negó con la cabeza y siguió ayudando. —Ella realmente te ama— dijo, y su voz era muy genuina. —No, no lo hace—le dije—.El

