Narra Fernanda Estaba nervisosa por bajar a desayunar, temiendo que me hubiera escuchado anoche al decir el nombre de Maicol. Bajé los escalones muy lentamente, atenta a cualquier señal de que me estaba metiendo en problemas. Nada sonó demasiado siniestro mientras caminaba hacia la cocina. Ambos ya estaban allí, y fue una enorme oleada de alivio ver que no estaban esperando mi llegada para derribarme. En todo caso, parecían tranquilos. Quizás incluso feliz. –¿Tuvieron una buena velada?–les pregunté y mamá me sonrió. —Sí, cariño, seguro que lo hicimos. Fue maravilloso tener a Erika y Maicol nuevamente. Sus nombres me parecieron tan incorrectos en la misma oración como esa, a pesar de que ella lo dijo con tanta naturalidad. Tuve el más extraño destello de deseo en mí. Uno que quería q

