— Hola, Gwen —dije, colgué el teléfono y remarqué. — Soy Nayla. Me serás de ayuda en estos días, así que confía un poco en este sicario —pronuncié lento. —Odio que tarden en contestar. — Estoy acostumbrada a eso —murmuró, una pequeña sonrisa salió de mis labios. En ese momento me contestaron, hable rápido, expliqué cómo me fue en el negocio; escuche un par de gritos por no haber obtenido todo el dinero, lo calle con una voz sombría y directa acerca del trato: esperamos el mes y si el pago no se ha realizado, quemamos todo. ¡Simple! Esto es lo bueno de dirigir tus empresas, lo malo son tus asociados. Colgué y guardé el teléfono en mi bolsillo. — Gwen, camina —levanté un poco la cabeza, apuntando con mi barbilla un pasillo. Me habían indicado una salida de este almacén después que le dij

