CUARENTA Y DOS Los cuatro aparecieron en San Francisco frente a un hombre que estaba huyendo. “¿Quién demonios son ustedes?” gritó el hombre y se puso de espaldas contra una pared. “Eh, superhéroes,” respondió Sam, sin saber qué mas decirle. Comenzó a hiperventilarse. El ataque del monstruo y ahora personas apareciendo de la nada. Era demasiado para este hombre. “No tenemos tiempo para esto,” dijo Zeus y chasqueó los dedos. El hombre desapareció en un parpadeo. “¿Lo mataste?” preguntó Sam y Zeus la miró. “Claro que no. Lo envié a Ontario,” respondió Zeus y se encogió de hombros. “Fue el primer lugar que se me ocurrió,” terminó. “Está bien, no importa. Matemos a esta serpiente,” dijo Thor, pero no pudo evitar estremecerse un poco. De todas las bestias contra las que se había ofrecido a p

