CUARENTA Y CUATRO El Ópticon avanzó mientras el mundo observaba. Los nuevos helicópteros volaban a lo que creían era una distancia segura. Yokaiju, el esqueleto fantasmal, bajó la mirada mientras Sam se acercaba. “No puedes enfrentarme,” le dijo, la voz resonando dentro de su cabeza. La boca del demonio nunca se movió. “Tal vez no, pero tengo que–“. Yokaiju no toleraba las faltas de respeto. No había terminado de hablar. No le importaba si ella lo sabía o no. Su brazo izquierdo se estiró y la mano en llamas apareció alrededor del cuello de Sam, alzándola del suelo y al nivel de su cara. “Quiero que consideres tus opciones, ah, y disfruta el viaje. Cuando regreses podemos hablar del siguiente paso,” dijo en su mente y la lanzó, haciéndolo ver como un lanzamiento casual. Sin embargo, la fu

