El resto del día domingo, nos la pasamos acostados conversando de un sin fin de cosas. Lucas es demasiado divertido y tiene un millón de historias que contar y no sólo historias con sus amigos que son las más divertidas, pero también con su familia y todos los dolores de cabezas que le hizo sufrir a su madre pero también, todas las travesuras que hizo con sus hermanos al ser él, el mayor. Creo que jamás había reído tanto en mi vida, que el vientre me dolía y lágrimas de la risa derrame durante horas. Entremedio almorzamos lo que había pasado a comprar, y para cuando sus historias terminaron, continúe yo con las mías, claro está que no son ni la mitad de divertidas que las de el pero si una que otra entretenida de contar. Para la cena, Lucas decidió pedir a domicilio para que no tuv

