—A esta putita —continuó diciendo Danilo— le gusta que se la cojan fuerte. Le gusta jugar a “la víctima” y que algún macho pijudo la garche toda mientras está atada. Me quedé boquiabierta, no podía ser. Esa actitud no parecía encajar para nada con la Silvina aplicada y estudiosa que yo había estado vigilando durante los últimos días. Esa chica que ni siquiera tenía un noviecito con el que “juguetear”. No podía ser que se prestara a un juego s****l tan violento… y peligroso. En ese momento sonó el timbre de mi departamento. Miré por el monitor que mostraba la calle y me di cuenta de que era la policía. —Ahora tenés que bajar —dijo Danilo, con la voz cargada de bronca—. Y más te vale que les expliques, de forma muy convincente, que todo fue un error. De lo contrario van a empezar a hace

