El día siguiente transcurrió como el anterior, visitas de familiares y amigos. Después de cenar llegaron Ana y Rosa, esa noche Encarna dormiría con Elisa y yo con mis hermanas, por fin viviría mi sueño de tener a las dos en la cama. Con un primer intento en el que Rosa no quiso hacerlo, y otro segundo en que el nacimiento de mi nuevo hijo nos impidió hacerlo, estaba deseando de poseerlas a las dos juntas, de verlas jugar en la cama y de hacerlas chillar de placer a las dos. Nos metimos los tres en la habitación y cerramos la puerta, los tres desnudos como nuestra madre nos trajo al mundo, no tuve que pedirles que empezaran, Ana se lanzó a devorar la boca de Rosa con deseo, mientras esta magreaba los pechos de Ana, me estaba poniendo como una moto verlas morreándose y magreando sus cuerpos

