—¿Acaso usted está celosa? ¡Oh! claro que sí, lo estás.
Mi respiración se vuelve un asco, al darme cuenta de quién está detrás de mí.
Sin esperarlo, Ares me toma de un brazo, haciéndome voltear a verlo.
Sus ojos reflejan la pura diversión, y eso es algo que me hace pasar de la vergüenza, al enojo.
Me suelto de su agarré con brusquedad, mientras que toco el puente de mi nariz, y sonrió sarcástica.
— Está muy equivocado, señor. Porque para una, sentir celos, primero debe sentirse atraída, y yo... No siento nada, pero nada, por usted. Así que no sea ridículo, y no me ofenda, que yo tendré malos ratos, pero mejores gustos.
Dicho eso, le guiño, mientras trato de alejarme de él sin que me tiemblen las piernas, pero no doy ni dos pasos cuando siento que mi cuerpo es levantado, y tirado al hombro de él, pataleo y le digo un par de insultos, pero el desgraciado solo se ríe y me da un azote en el culo.
— Veremos, que tan ofendida, te sientes de que esté hombre te guste, porque aunque lo niegues, yo sé bien que te mueres porqué te folle como Dios manda, y como sé que nadie lo a hecho en un buen tiempo.
Trago, pues no sé, porque sus palabras dejan un leve cosquilleo en mi vientre.
Ares sube al yate sin bajarme, lo hace como si nada, mientras yo aprovecho de golpearle el trasero, para que me baje, pero también para disfrutar de lo firme que lo tiene... ¡Carajo! ¿Que estoy pensando? Me estoy volviendo loca.
Mi cuerpo es arrojado a una superficie suave, es una cama pequeña, pero bastante cómoda. Trato de levantarme, pero su cuerpo sobre el mío me lo impide.
— Ares, deja tu jueguito estúpido, y suéltame o...
No me deja continuar, cuando siento sus labios sobre los míos, su beso me toma desprevenida, sus manos exploran mi cuerpo y un jadeo sale de mi, nuestras lenguas se encuentras. Y es cuando trato de pararlo.
—¿Que haces? Ares alejate de mí, por favor. – digo en apenas un susurro, y es que su cercanía me hace temblar, y su olor me embriaga.
— Yo... Lo lamento, pero no puedo.
Es lo último que escucho antes de que sus labios choquen con los míos nuevamente, haciéndonos gemir por el contacto, esta vez su beso no es salvaje, es lento y delicioso, como si me estuviese dando la oportunidad de huir.
Y es ahora donde me pregunto, ¿quiero hacerlo? Y mi cuerpo no me deja pensarlo mucho cuando mis manos van a su cuello profundizando el beso, tal vez pronto me arrepienta, tal vez jamás logré superar mi pasado.
Pero lo que ahora quiero es olvidarme de todo, y que solo seamos él, y yo.
Sus manos exploran todo mi cuerpo, las mías arden, por querer hacerlo.
Mas no me atrevo, siento sus grandes, y fuertes manos, posarse en mi trasero, lo aprieta, mientras yo jadeo y me aferró a él, buscando aún más su tacto.
Ares me alza y yo enrolló mis piernas es su cintura, restregando mi entrepierna en la suya, él camina trastabillando hasta la pequeña cama, y nos deja caer a ambos.
Los besos, y caricias, van intensificando hasta que tenemos que parar, en busca de nuestro oxígeno, ambos nos miramos, pero esta vez es diferente a las demás, porque por primera vez lo veo a él, y no a Sury.
— Eres la mujer mas hermosa, que mis ojos han visto, y estoy condenamente perdido por ti, mientras sierro mis ojos, veo los tuyos, si duermo sueño con esos labios, a los que siempre quiero devorar, en mis pensamientos solo estas tú, Dios, Moly, tu te has vuelto mi necesidad.
Cada una de sus palabras, quedan gravadas en mi mente, y se repiten una y otra vez.
— No entiendo porque siento esto, si apenas nos conocemos pero lo hago, cada vez que estas cerca, quiero devorarte, y si estas lejos, quiero traerte hasta mí, sé que debes pensar que estoy loco, pero te juro que mis sentimientos son reales, tan reales como que ahora mismo te haré el amor, y luego...
— Te follare tan duro, como mi instinto lo indique, y creeme después no podrás caminar tan elegante como lo haces.
Sin saber porque, un gemido involuntario sale de mi garganta, desatando el deseo que a ambos nos consume.
Está vez no huiré, está vez me quedaré a probar más, disfrutare de él... De nosotros.
Ya no seré una cobarde, buscare mi felicidad, porque ahora sé que a pesar de sus parecidos físicos, ellos son muy distintos.
Por fin puedo saber, y entender, las cosas.
Ya no quiero seguir sufriendo, ya no quiero llorar, tampoco quiero recordarlo con dolor, solo quiero llevarlo siempre en mi alma.
Y tener cada uno de nuestro momentos grabados en mi pecho.
Siempre te amaré Sury, pero creo que es hora de dejarte ir...
Siento una lágrima resbalar por mi mejilla. Y creo que es el sello para dejar de culparme por lo que paso.
Cada paso que dé, el estará conmigo. Lo sé, porque él y yo somos lo mismo. Yo soy el cuerpo, y él, es el alma.
Entre, Ares y yo, ya no existe la ropa.
Mientras sus caricias me encienden, su lengua lame mi cuello, provocando que arquee la espalda.
Él aprovecha eso para en un movimiento ágil, quitar mi brasier, dejando mis pechos al descubierto, su mirada es oscura, esos ojos grises brillan de deseo, quiere devorarme, y yo quiero que lo haga.
— No sabes como, ansió enterrarme en tu cuerpo. Pero antes quiero que me digas, si tú también lo deseas.
Automáticamente, asiento, pero el gruñe un; quiero oírlo de tus labios.
— Sí, yo también lo deseo, ahora deja de hablar, y cumple tú promesa.
Digo, coqueta, recordando un poco como solía ser yo, atrevida, y directa. Sin pensarlo dos veces, se posiciona entre mis piernas.
Comienza dejando un recorrido húmedo, de besos, desde mi cuello, deteniéndose en mi vientre, donde no solo lame, también chupa, y muerde, obligandome a gemir su nombre.
— Nena, necesito que habrás los ojos, quiero verte, mientras me entierro en lo profundo de tu ser.
Calor, eso es lo que siento, mucho calor al oírlo, y verlo entre mis piernas, mi respiración es un asco cuando siento que le da una lamida a mi sexo.
— Mierda, tu babor es mucho mejor a como lo imagine.
Vuelve a lamer mientras una de mis manos lo toma por el cabello, y la otra se aferra a las sabanas.
Sus manos aprietan mis pechos mientras él me devora, cuando siento que estoy por explotar, él se detiene, lo miro buscando una explicación, pero Ares solo sonríe, mientras lo veo acomodar su pene en mi entrada.
Oh, Dios, puedo ver que está tan dura, es grande... Mierda, eso me dolerá.
Por todo el tiempo que tengo sin sexo. Ares ve mi reacción y sonríe mientras se inclina y besa mis labios.
— No te preocupes, por mas que deseé follarte duro, no lo haré, al menos no ahora.
Asiento, como respuesta, aunque en mi mente quede retumbando ese, no ahora.
Vuele a posicionarse, y esta vez no lo miro aterrada, solo deseosa, va descendiendo con lentitud.
Mientras me pide que no deje de mirarlo, sus ojos brillan, él gruñe, y yo gimo, cuando lo siento completamente en mi interior.
— Quiero grabar en mi memoria cada uno de tus gestos, necesitó que no dejes de verme a los ojos, mientras te hago mía.
Ares empieza a moverse, lento y delicioso, al principio duele un poco, pero eso desaparece.
Cuando el placer se hace más y más fuerte, no despegó la mirada de la suya, viéndo como el gris de sus ojos, se oscurece, y es algo hermoso, pues ahora parecen color tormenta, uno que será mi salvación, o tal vez mi condena.
Las embestidas se hacen más fuertes, nuestros cuerpos sudan, y sólo se oye nuestros gemidos, mezclados con los sonidos de nuestros cuerpos.
El orgasmo se acerca, mi interior se contrae, cierro los ojos un segundo, pero el gruñido de Ares, me hace abrirlos.
Sólo ver sus gestos de placer bastaron, para que yo explotara en un orgasmo intenso, que deja mi cuerpo inerte, mientras lo siento a el llenarme con su ser.
Y es ahí, cuando me doy cuenta de nuestro error, uno que no debió pasar, y que permitimos, por dejarnos llevar por el deseo que sentimos, pero ahora vienen las consecuencia.
Pues el se corrio dentro de mí, y no usamos protección.
¡Maldita sea!