Leobardo Mi madre me enseñó que tenemos que trabajar duro para conseguir lo que deseamos, y es justo lo que yo estoy haciendo. Voy corriendo hacia el estacionamiento de la universidad, pues si llego tarde a la empresa, estoy seguro de que mi tío me mata, y obviamente le dirá a mi madre, y ella me matará dos veces. Suspiro cuando llego al coche; me detengo de inmediato al ver a la chica que tanto me gusta, pero, para desgracia mía, ni siquiera me mira. Yo suspiro sin dejar de verla. Dios, ¿por qué no voltea? ¿Por qué no se da cuenta de que estoy a un lado de ella? Pero sé que algún día podré hablarle; estoy seguro de eso. De pronto suena mi teléfono y lo tomo de mi pantalón sin mirar quién llama. —Hola. —Se te está haciendo tarde. ¿Qué se supone que haces? Todos los chicos apenas termi

