Esther sintió un vuelco en el estómago, León estaba de pie frente al auto con el gesto tan apretado que parecía irreconocible y Carlo apretó con fuerza el volante.
— Es él — dijo aterrada, aunque sabía que su hermano ya lo conocía. Carlo comenzó a quitarse el cinturón de seguridad y ella se le colgó del brazo — ¿A dónde vas?
— A hablar de cuñado a cuñado — pero Esther no lo soltó, sintió que si lo dejaba ir el vagabundo terminaría por convencerlo de que la dejara y ella ya no quería, no le importaban las consecuencias, solo quería salir de ahí y alejarse de todo aquello — Esther, suéltame, todo va a estar bien — ella lo soltó y su hermano bajó del auto y caminó hacia donde estaba el vagabundo.
Esther bajó el vidrio de la puerta para escuchar lo que estaban diciendo, pero los hombres se alejaron unos metros.
Comenzaron a discutir acaloradamente y ella se mordió las uñas hasta que llegó a la piel. De un momento Carlo se pasó los dedos por el rubio cabello. Su hermano era muy alto, y a pesar de eso, León no se quedaba atrás, solo era un poco menos alto que el rubio, y aun así, se veía más grande que su hermano en ese momento.
La conversación se hizo más tranquila y los hombres hablaron con más Calama, cosa que la preocupó más a que se fueran a los puños.
Carlo regresó al auto y León se quedó dónde estaba y cuando cerró la puerta Esther lo miró con anhelo, pero cuando él la miró todo se derrumbó.
— Lo siento, hermanita, pero tienes que quedarte con tu esposo — Esther sintió que le dio un mareó.
— ¡Ese hombre no es mi esposo!
— ¡lo es! — le gritó él de vuelta — Lo es desde que ambos firmaron un contrato completamente legal que lo acredita, además, no es por eso, papá lo matará si lo dejas — Esther bufó.
— Eso es una amenaza vacía.
— ¿Tú crees que papá hace amenazas vacías? — Esther no contestó — Sabias que papá lo mataría si lo dejabas, ¿Y aun así decidiste irte?
— Yo… no pensé que papá lo dijera en verdad — Carlo pasó saliva.
— Lo siento, Esther, bájate — ella lo miró con los ojos brillosos y Carlo no la miró a la cara.
— Hermanito, estoy durmiendo bajo un puente.
— Tal vez es lo necesario, tal vez es lo que te mereces — Esther lo miró con los ojos abiertos — has hecho lo que te ha dado la gana toda la vida sin ninguna consecuencia, no te importan los demás ni a quién te llevas por delante con tal de conseguir lo que deseas, y así no son las cosas, Esther. Creo que necesitas esto, tienes que aprender cómo es la vida.
— ¡Con un vagabundo?
— ¡Con la realidad, Esther! ¿Qué creías que iba a pasar con llevar a un vagabundo a la cena? ¿Con romper un trato comercial tan importante para los negocios de papá? Tienes que aprender la lección, esta es la mejor forma.
— ¿Entonces tú estabas de acuerdo en que me casara con un desconocido? ¿Con un v1olador que trataba de abusar de nuestra hermanastra? — Carlo no contestó, se quedó mirando por el parabrisas como si meditara la respuesta — bien, entonces es porque no me quieres como dices hacerlo — abrió la puerta del auto y cerró de golpe caminando por la calle.
Escuchó como su hermano la llamaba, pero ella no se detuvo. Luego la camioneta se encendió y se fue.
— Espera — le dijo León desde atrás y Esther no se volvió, el vagabundo la alcanzó y la detuvo agarrándola con fuerza de la muñeca — ¿Te ibas a largar sin importar que me mataran? — tenía tanta rabia que sus ojos azules estaban varios tonos oscurecidos — no puedo creer que seas tan egoísta, ambos estamos viviendo este suplicio. Espero que no vuelvas a hacer algo como esto, o no volverás a comer — Esther se soltó con fuerza, tenía muchas ganas de llorar, pero no le daría el gusto a ese hombre. Cuanto lo odiaba.
— No necesito que me consigas comida, yo puedo conseguir mi propia comida — y dicho esto, dio la vuelta y corrió tras una ardilla inocente que observaba la discusión.
— No puedo creer que me esté pasando esto — se dijo el vagabundo en voz alta — sería mejor que se muriera — pero no lo quería así en realidad, era una niña mimada y egoísta y él la haría pagar por su arrogancia.