Perfume

886 Words
El despertador sonó a las siete de la mañana. Abrí los ojos de golpe, con el pecho agitado y la respiración entrecortada. Otra vez. Otra vez la misma sonrisa. Me llevé una mano al rostro y permanecí inmóvil durante varios segundos, intentando convencerme d que solo había sido un sueño, pero la sensación de aquellos ojos clavados en los míos seguía ahí, como si hubiera despertado conmigo. Cinco años, cinco años teniendo la misma pesadilla. Y hoy, justamente el día de mi cumpleaños número veintidós, había sido diferente. Esta vez... era yo quien sonreía. Un escalofrío recorrió mi espalda. -Ya basta...- susurré para mí misma. Me levanté, me di una ducha rápida y bajé las escaleras. El olor a café recién hecho llenaba la casa, aunque el ambiente seguía siendo tan silencioso como siempre. Desde que mis padres murieron, aquella casa jamás volvió a sentirse realmente viva. Al salir, encontré a Max apoyado contra la camioneta con los brazos cruzados. Cris terminaba de guardar unas cajas en la parte trasera. -Buenos días, dormilona- dijo Max apenas me vio. Forcé una sonrisa. -Buenos... días. Él me observó durante unos segundos. Como si quisiera asegurarse de que estaba bien. Como si pudiera leerme. -Hoy vienes con nosotros. -Lo sé. Me acerqué al vehículo, pero antes de abrir la puerta Max metió la mano en el bolsillo de su chaqueta y sacó un cubrebocas n***o. -Póntelo. Fruncí el ceño. -¿Otra vez? -No estoy jugando, Delfi. Lo miré confundida. -¿Qué pasó? Max intercambió una mirada con Cris antes de responder. -Hay contagiados entre los muchachos. Sentí un pequeño nudo en el estómago. -¿Contagiados? Él asintió lentamente. -Y todavía no sabemos quiénes son. Miré el cubrebocas en mi mano. Luego levanté la vista hacia ellos. -Entonces... ¿por qué ustedes no usan uno? Los dos guardaron silencio. Cris se alejo más. Ni siquiera se miraron. Solo evitaron mis ojos. -¿Max? Él soltó un suspiro cansado. -Porque es por tu bien. -Pero... -No preguntes más. Su tono no fue duro. Fue... triste. Como si quisiera decirme algo y no pudiera. Bajé la mirada. Cada día entendía menos a mis hermanos. Desde hacía años me protegían de todo. Demasiado. Suspiré resignada y me coloqué el cubrebocas. -Está bien... Max sonrió apenas, y se giro. -Gracias. Abrí la puerta de la camioneta para subir, pero un pequeño golpe seco llamó mi atención. Tac. Me giré. Algo descansaba justo al lado de la rueda delantera. Una caja pequeña envuelta con un papel gris oscuro. Encima había una diminuta carita sonriente dibujada con tinta negra. Sentí que el aire se volvía más pesado. El cielo, que hacía unos segundos era claro, de pronto me pareció gris. Frío. Como si el mundo hubiera perdido color. Tragué saliva. -¿Qué...? Me incliné lentamente y tomé la caja entre mis manos. Estaba completamente cerrada. -¿Qué es eso?- preguntó Max acercándose de inmediato. Lo miré. -Estaba aquí... Él me quitó la caja con rapidez. -No la toques. La examinó durante unos segundos antes de abrirla con extremo cuidado. Dentro había un pequeño frasco de vidrio elegante. Un perfume. -¿Un perfume? Max lo tomó entre sus manos y su expresión cambió por completo. -Esto debió costar una fortuna... Lo observé confundida. -¿Por un perfume? Él negó lentamente. -No es un perfume cualquiera. Levantó el frasco frente a mi -Esto sirve para que nadie pueda distinguir el aroma de una persona normal. Lo miré sin entender. -¿Qué? Tomé el frasco y lo acerqué a mi nariz. No olía absolutamente a nada. -Parece agua. Max negó una vez más. Sin avisarme, presionó el atomizador varias veces sobre mi cuello y mi chaqueta. Retrocedí de inmediato. -¡Max! Él se acercó despacio. Inhaló cerca de mi cabello. Luego alrededor de mi cuello. Finalmente dio un paso atrás. -Perfecto... Fruncí el ceño. -¿Qué hiciste? -Ya no hueles a nada. Solté una risa incrédula. -Desde que mamá y papá murieron ustedes se volvieron paranoicos- Negué con la cabeza. -Hasta me sacaron de la escuela donde estaba. Max bajó la vista durante unos segundos. -Mamá y papá dieron todo para protegernos- Su voz sonó más apagada de lo normal. -Ya pasaron seis años desde que murieron. Sentí un nudo en la garganta. -Y cinco años... desde que empezaron mis pesadillas- El silencio volvió a caer entre nosotros. Hasta que unos pasos rompieron el momento. -¿De qué hablan? Levanté la cabeza. Cris acababa de acercarse. Pero algo llamó mi atención de inmediato. Lo señalé. -¿Qué te pasó en los labios? Él abrió mucho los ojos. Instintivamente se los limpió con el dorso de la mano. -¿Esto?- Sonrió con demasiada naturalidad. -No es nada... Acabo de comer algo con mucho picante. No le creí. Sus labios estaban hinchados. Como si hubiera recibido un golpe. O una mordida. Antes de que pudiera preguntar algo más, Max habló con una voz firme. -Sube al auto, Delf. Miré a uno y luego al otro. Los dos evitaban cruzar miradas. Como si ocultaran algo, algo importante. Asentí en silencio y subí a la camioneta. Mientras cerraba la puerta, observé por el vidrio cómo Max se acercaba a Cris. Los dos comenzaron a hablar en voz muy baja
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