Aiden faltó a clases los dos días siguientes, lo que preocupó al mayor. Durante el recreo se armó de valor para ir a la oficina de la subdirectora y nada más tocar trató de huir.
― Alexandre – la voz de la subdirectora hizo al mayor girar – ¿Ocurre algo?
― Eh… pues… – era la primera vez que el mayor se sentía incómodo preguntando algo – quería saber cuándo serán los exámenes
― Todavía faltan unos meses para eso, ¿por qué te preocupa tanto? – preguntó dándole pase para que ingrese a la oficina –
― No quiero bajar mis notas – respondió de inmediato –
― Pues, por lo que sé, te va bien en las clases – sonrió – no debes preocuparte tanto
― Gracias, – sonrió incómodo – ahora me voy – caminó hasta la puerta tratando de salir de aquel lugar, sin embargo, la subdirectora lo detuvo –
― Pensé que te gustaría saber el estado de Aiden – Alexandre dejó su mano en la puerta sin abrir – está estable, solo un par de lesiones, por suerte no muy graves – suspiró – pero no vendrá hasta dentro de dos semanas
― No pregunté por él – su tono, aunque era frío no parecía tan rudo como en otras ocasiones –
― Lo sé, solo lo decía por si te importaba – suspiró – pobre niño, tiene que estar solo en aquel lugar
― Tiene familia – contestó sin moverse, el mayor –
― Sí, pero parece que su padre está de viaje – suspiró – no lo ha ido a ver en estos días – y con esa respuesta, el mayor salió de la oficina –
Su cabeza trataba de tomar una decisión, no sabía si era conveniente ir o mejor esperarlo hasta que regrese al colegio, sin embargo, aquel comentario de la subdirectora había aumentado las dudas que este tenía.
Estuvo pensando durante la última clase e incluso al salir del colegio, pensó durante todo el camino e inconscientemente, cuando tomó la decisión, se dio cuenta de que había terminado llegando a aquel lugar.
Alexandre levantó la vista encontrándose con la puerta principal del hospital, entró algo nervioso y se acercó a preguntar.
― Buenos días, disculpe – dijo llamando la atención de la encargada – ¿sabe dónde se encuentra la habitación del paciente Aiden Pearson?
― Sí, la 505 – sonrió – puede ir en el ascensor, está a la mano derecha
― Gracias – el mayor trató de fingir una sonrisa amigable –
Alexandre subió por el ascensor y caminó hasta la habitación, el problema fue que, nada más estar a unos pasos, escuchó como alguien gritaba. Se acercó cauteloso y observó como un señor de cabellera negra, alto y fornido le gritaba al pequeño. Este se encontraba con las manos entrelazadas en su regazo y la mirada clavada en ellas.
― ¡Por qué siempre tienes que darme problemas! ¡No puedes solo comportarte! – gritaba aquel hombre – ¡Más te vale que no me vuelvan a llamar por alguna estupidez tuya! ¡¿Sabes lo que servicios sociales pensó?! – el menor temblaba sin responder – ¡j***r, ni siquiera te puedes excusar! ¡Eres una bestia! ¡Solo eres un maldito problema!
‹Eres mi juguete, solo para eso sirves, ¿no te das cuenta? ›
Alexandre apretó los puños al escuchar aquellas palabras y se acercó a una enfermera que se encontraba en la habitación del extremo izquierdo.
― Disculpe, pero parece que hay un problema en la habitación 505, se escuchan gritos – comentó y la enfermera corrió –
Aquel señor siguió vociferando hasta que la enfermera entró a la habitación, en ese momento el hombre se quedó sorprendido y en silencio, parecía que no se había percatado que los gritos eran tan altos.
― Disculpe, señor Pearson, pero – miró a Aiden – ¿ocurre algo?
― No, no se preocupe – contestó cortésmente – Ya me debo retirar, cuídate, hijo – la última palabra fue remarcada con severidad –
Alexandre estaba parado al lado de la puerta, apenas lo vio salir se chocó con él de "casualidad". Aquel hombre levantó la mirada encontrándose con él, con un gesto de cabeza se disculpó y continúo su camino.
La enfermera miró preocupada al pequeño, sus manos sujetaban con fuerza la manta y trataba de sonreír mientras por sus mejillas caían lágrimas.
― ¿Se encuentra bien, joven? – preguntó –
― Sí, solo…
― Aiden… – la voz fuerte del mayor hizo que la mirada del menor se levante instantáneamente –
― Alexandre… – una sonrisa triste se asomó en sus labios tratando de ocultar el dolor –
Aquellos ojos ámbares se mantuvieron fijos en los azules penetrantes, la enfermera comentó algo antes de retirarse, pero ninguno escuchó. Alexandre se acercó al niño y con cariño secó las lágrimas que caían por sus rosadas mejillas. Aiden sintió el suave tacto del mayor y, como un acto reflejo, rodeo la cintura del mayor escondiendo su cabeza en su camisa.
El sorpresivo abrazo dejó inmóvil al mayor por unos segundos, hasta que escuchó al pequeño sollozar. Sus brazos lo rodearon con cierto nudo en la garganta, aquel niño que había aguantado muchos golpes sin romperse tanto, ahora estaba llorando tan desesperadamente.
― Alexandre… – susurró el menor entre lágrimas – ¿de verdad solo soy un problema? – el mayor alejó al pequeño para verlo a los ojos –
― ¿Por qué piensas eso? – preguntó secándole las lágrimas –
― Tú me dices niño problema – sonrió son ironía – y siempre que te acercas es porque estoy metido en uno – desvió la mirada – quizás si soy solo un maldito problema…
― A ver, Aiden – Alexandre se sentó frente a él – ¿de verdad crees que si te considerara un problema estuviera aquí? – el menor negó – Ya vez – sonrió – Lo que pasa es que tienes gente mierda en tu vida – el mayor recordó a aquel señor – pero eso no es tu culpa
― Quizá tengo gente así porque no merezco algo bueno – susurró –
‹Lo mejor que vas a conseguir soy yo, ¿por qué sigues negándolo? ›
― Pequeño idiota – respondió el mayor tomando su rostro – mírame – el menor dirigió su mirada hacia él – todas las personas merecen algo bueno en su vida
― ¿Hasta la gente mala? – Alexandre se quedó unos segundos mirándolo –
“Hasta yo tuve a mis padres por un tiempo”
― Claro – sonrió –
― Entonces es por eso – el menor sonrió felizmente –
― ¿Qué cosa? – preguntó Alexandre confundido –
― Es por eso que estás en mi vida – sonrió – a pesar de ser malo, te tengo a ti – los ojos del mayor se abrieron de la sorpresa – aunque sé que no quieres que te considere alguien en mi vida, pero…
― Aiden, no eres una persona mala – respondió el mayor con seriedad – además debes tener a alguien contigo – el menor negó –
― Estoy solo, por eso pensé que era malo – suspiró – y por eso nadie me ayudaba. – sonrió – Sin embargo, apareciste tú – sus ojos se encontraron con los del mayor – si no fuera por ti, no tendría a nadie
― Niño tonto – respondió volteando los ojos y ambos se rieron –
La sonrisa tierna del menor alegró el día del mayor haciendo que ambos corazones dejaran de lado su soledad para sentir la calidez de ese momento. Después de aquel momento, ambos chicos continuaron con sus tareas, Aiden almorzaba mientras el mayor escribía en la computadora.
Al día siguiente, el mayor volvió a visitar al niño, este al verlo sonrió con cariño y aquel chico frío y distante, que días atrás había mantenido la distancia, ahora le devolvía aquella sonrisa con ternura.
La tarde la volvieron a pasar juntos sin problemas, Alexandre había cambiado sus turnos en el trabajo para poder acompañar a Aiden un rato mientras se recuperaba. A las 5 p.m., antes de que Alexandre se retirara, la enfermera entró a la habitación con una sonrisa.
― Buenas noches, Aiden
― Hola – sonrió el menor –
― Vengo a recordarte que mañana te darán el alta – el niño asintió – por lo tanto, es recomendable que tu padre venga temprano para ayudarte a ir a casa
― Eh – el menor desvió la mirada – mi padre está en un viaje de negocios, no vendrá – luego volvió a sonreír – pero no hay problema, puedo irme solo
― No es recomendable – respondió la enfermera – tienes que evitar hacer fuerza todavía y caminar con cuidado, tus costillas todavía no se recuperan del todo
― Trataré de que venga – sonrió – pero no hay problema, de verdad puedo irme solo
― Está bien – suspiró la enfermera – pero por favor, ten cuidado – él asintió y la enfermera se marchó –
― ¿Te irás solo? – preguntó Alexandre mirando al menor –
― Sí – contestó con una sonrisa – mi padre no puede venir, así que debo hacerlo
― Aiden…
― No te preocupes – sonrió – de verdad
― Está bien – suspiró – me tengo que ir, te veo el lunes
Alexandre se despidió del menor y salió del hospital, durante todo el camino estuvo dándole vueltas al hecho de que Aiden se regrese solo.
“No iré por él, no debo ir por él”
Al llegar a su casa después del trabajo se tiró a su cama y trató de descansar, pero su cabeza seguía con esa imagen del niño yendo solo a su casa. El mayor suspiró estresado y se dio una ducha, volvió a acostarse listo para dormir.
“No hay forma de que me despierte temprano un sábado”
Dio vueltas en su cama tratando de convencer a su cabeza de dormir.
“Vale, si me despierto temprano lo ayudo”
Y con ese último pensamiento logró dormir…
NOTA DE AUTOR:
¡Hola! ☺️
¿Qué les pareció el capítulo? ¿Comentarios, opiniones, pensamientos?
¡Gracias por seguir la historia!
***
ADVERTENCIA:
ESCENA EXPLÍCITA (+18)
Esta parte de la lectura es un poco fuerte, por lo que se considera que necesita discresión y es apto para mayores de 18 años. En caso de que el lector sea una persona sensible, recomiendo saltarse esta parte del capítulo, la próxima semana se explicará en resumen lo ocurrido en esta parte.
Cabe recalcar que me encuentro en contra de los actos que se realizarán en esta parte.
Escena Extra:
Alexandre tenía 16 años y ahora vivía en otra ciudad, Thasenhot, llevaba ahí 2 meses y estaba estudiando y trabajando en lo que encontraba para sobrevivir. Llevaba 5 meses sin hablar con su familia, la única que le quedaba, y la soledad lo acompañaba a diario.
Regresó a su pequeña habitación de hotel, el espacio suficiente para una persona sola como él. Abrió la puerta y antes de que pudiera cerrarla alguien lo empujó cerrando la puerta atrás de sí.
El menor levantó la mirada encontrándose con aquel chico que hace 1 año había metido a la cárcel. Héctor sonrió con arrogancia mientras se acercaba a él como si fuera su presa.
― ¿Qué haces aquí? – preguntó el menor mientras retrocedía –
― Vengo a recuperar lo que es mío
― Lárgate, no hay nada que tengas que hacer aquí – Alexandre chocó contra la pared del cuarto –
― Si tú estás aquí, yo tengo que estar aquí – sonrió y pegó su cuerpo al del menor – vamos a divertirnos un rato
― No quiero, márchate
― Ay, cosita – tomó las manos del menor – tú no decides
Colocó las manos encima de la cabeza del chico y lo obligó a besarlo. Lamió y mordió sus labios, luego bajó por su cuello mientras sobaba por encima el m*****o del menor.
― N-no – el menor trataba de evitar hacer algún sonido – su-suéltame
― ¿Por qué, mi amor? – Héctor metió la mano en el pantalón del menor y apretó su m*****o con fuerza – Si se nota que te encanta cuando lo hago duro
― ¡Ah! ¡N-no!
El mayor siguió tocando al menor hasta hacerlo venir, luego lo empujó a la cama con fuerza y se posicionó sobre él. Alexandre trataba de alejarlo, pero Héctor no se lo permitía. Sacó el polo del menor y arañó con fuerza su torso desnudo haciéndolo gritar de dolor.
Con el polo del menor amarró sus manos y las colocó encima de la cabeza del chico. Le sacó el pantalón de manera brusca y le quitó el bóxer, el menor suplicaba que parara, pero al mayor ya no le importaba. Se desvistió y con su polo amarró las piernas del menor para impedir su movimiento.
Penetró con fuerza al menor y devoró su cuerpo sin compasión, estuvo por horas lastimando a su examante hasta dejarlo inconsciente. Alexandre se levantó a las 8 a.m. asustado porque aún seguía amarrado, su cuerpo desnudo seguía expuesto ante aquel monstruo.
― ¿Cómo durmió la princesita? – preguntó Héctor en tono de burla mientras apagaba su cigarro –
― ¿Por qué estás aquí? – preguntó el menor mientras trataba de soltarse –
― Llevaba tiempo sin echar un buen polvo – sonrió – además, creo que te dejé en claro que nunca te ibas a librar de mí
― ¿Ya obtuviste lo que querías no? ¡Ahora lárgate de mi vida!
― No, princesa – se acercó al pequeño – aún no he terminado contigo. Estuve encerrado 1 año, me sorprende que no me hayas extrañado.
― ¿Cómo extrañar a una escoria como tú?
― ¡Cállate! – gritó y le dio una cachetada – Vamos a disfrutar por unos días – sonrió – tengo libre hasta el viernes, así que me quedaré contigo
― Hijo de puta…
― Cálmate, mi amor, solo será como un juego – se colocó encima del menor y frotó su m*****o contra el del menor – Serás mi juguete personal
― ¿Por qué mejor no desapareces?
― Shh… - Héctor besó los labios del menor – mejor sigamos divirtiéndonos
Después de almuerzo Alexandre salió de su casa a trabajar, llevaba su polera y una chalina para cubrir los chupetones que el idiota de su ex le había dejado, agradecía que fuera invierno así nadie sospecharía de nada.
Su tarde fue tranquila hasta las 7 p.m. que salió del trabajo, suspiró pesadamente había faltado a clases y ahora debía pedirle prestado sus cuadernos a un chico de su clase. Caminó hasta un parque cercano a la casa de aquel chico y lo llamó, 10 minutos después aquel chico apareció con una sonrisa.
― ¡Hey! – sonrió – Toma – le entregó unos cuadernos – No hicimos mucho hoy, pero deberías prepararte para los exámenes
― Lo sé, gracias – sonrió –
― De nada, pequeño – aquel chico revolvió el cabello del menor haciéndolo reír –
― Me debo ir, te veo otro día – el chico asintió –
― Cuídate, niño – sonrió y se marchó –
Alexandre se sentía cómodo con aquel chico, tenía una personalidad muy parecida a la de Kevin y eso lo hacía sentir en casa. Extrañaba a sus amigos, hace 2 años casi que no hablaba con ellos, sin embargo, sabía que era lo mejor.
“Debo protegerlos, no quiero perderlos”
Alexandre caminó hasta su hogar mientras guardaba los cuadernos en su mochila. Llegó a su habitación y se sentó en la cama, minutos después entró Héctor furioso. El menor no tuvo tiempo de reaccionar pues este ya lo tenía contra la pared asfixiándolo.
― ¡Eres una maldita perra! – gritó – ¿Qué carajos hacías con ese chico?
Alexandre no podía responder, su voz no salía ni para pedir ayuda. Héctor siguió haciendo eso hasta que vio como el pequeño quedaba inconsciente. Lo tiró a la cama y le quitó la ropa, amarró sus piernas y sus manos a las barandas de la cama y esperó a que despertara mientras fumaba.
― ¡Suéltame! – gritó el pequeño nada más abrir los ojos –
― ¡Estoy harto de ti y tus putas! ¡Te dije muy en claro que no quería que te acercarás a nadie!
― ¡Déjame en paz!
― ¡Eres mío! ¡Maldita sea! ¡¿Cuándo te darás cuenta?!
― ¡No somos nada! ¡Déjame de una puta vez en paz!
― Eres mi juguete. – Héctor se sacó el polo mientras miraba al menor – Si no quieres ser mi novio, serás mi puto juguete – Se sacó el pantalón ante la mirada asustada del menor –
― ¡No! ¡Déjame! – gritó el menor –
― ¿Qué? ¿Acaso no quieres ser mi juguete? – apretó con fuerza el m*****o del menor y lo empezó a masturbar – Solo para eso sirves, ¿no te das cuenta?
Héctor levantó las piernas del menor y medio un dedo en su entrada con brusquedad haciendo gritar al pequeño.
― ¿Acaso crees que a ese idiota le importas? – continuó – Solo quiere hacerte lo que yo por derecho puedo – acercó su m*****o a la entrada del menor rozándola – ¿No te das cuenta? – metió su m*****o con fuerza en la entrada del menor haciéndolo gritar de dolor – Lo mejor que vas a conseguir soy yo, ¿por qué sigues negándolo?
Abusó del menor durante 2 horas dejándolo exhausto y adolorido en la cama. Luego se cambió y salió de casa, unas horas después regresó y Alexandre seguía inconsciente. A la mañana siguiente el menor no podía moverse, se vistió como pudo y se quedó en cama.
Alexandre había vuelto a faltar al colegio así que no se enteró de lo que había sucedido. Ese mismo día Héctor se había ido de la ciudad así que se sintió aliviado, sin embargo, uno de sus compañeros de clase fue a visitarlo dándole una triste noticia.
El menor abrió la puerta con pesadez, aún estaba envuelto en las colchas cuando vio el rostro de uno de sus compañeros de clase.
― Jack falleció en la madrugada – murmuró su compañero dejándolo helado –
― ¿Có-cómo? – preguntó asustado –
― Entraron a robar a su casa, al parecer estaba solo y le dispararon. – Alexandre sintió como las lágrimas rodaban por sus mejillas – Lo siento mucho, Alexandre, él no resistió y falleció.
Aquel chico lo abrazó con fuerza mientras el menor lloraba en silencio tratando de procesar toda la información. Jack era su amigo en el colegio, pero más que eso, se había vuelto una persona que quería y que le importaba.
Entonces recordó las palabras de Héctor, se estaba repitiendo la historia.
“Mis padres, Valery y ahora Jack… ¿Me seguirás quitando todo lo que me importa hasta que ya no pueda aguantar?”