Lázaro, antes de irse, me había dejado heroína suficiente como para que, Isabel, pudiera consumirla a lo largo del fin de semana, también le había dicho a Rosario, la enfermera que cuidaría a Isabel, las dosis que le tenía que administrar, y habían calculado el horario de administración de las mismas, para ir, poco a poco, consiguiendo el objetivo de convertir a Isabel en una adicta a la heroína, entre otras sustancias/drogas. También se le había quitado a Isabel la vía, y no se le iba a poner otra hasta la siguiente visita de Lázaro, el lunes siguiente. Don Enrique llegó, con su cara de amargado, sin apenas saludarme ni decirme buenas tardes, como era lo habitual en él, de malas maneras, fuimos subiendo a la habitación donde se encuentra Isabel, y, una vez allí, Don Enrique, se empezó

