Hades estaba sentado en su trono, necesitaba poner orden en el lugar, había estado dos días afuera y todo era un caos, había asesinos con almas puras y eso no era algo bueno. Se había acumulado trabajo, Ares no aparecía por ningún lado, pero no debía culparle, no era su trabajo estar al pendiente de las almas. Así que hizo lo único que se le ocurrió, llamar a Hécate, era la única que podía ayudarlo con el caos que había provocado su enamoramiento. —¡Charon! —gritó Hades —Amo—dijo el barquero —Llévame al tártaro—bajó y se subió a su barca—, necesito encontrar a la única Diosa que puede ayudarme con este caos. ¿Has visto a Ares? —Desde ayer pidió no ser molestado, está en sus aposentos. —Está bien, cuando regresemos iré a agradecerle, llévame con Hécate El viaje por el río fue tranquil

