Marina llegó a su habitación con el cuerpo ardiéndole, tanto por el dolor como por el odio hacia Tania y la impotencia por no poder hacer nada al respecto. —En mi última vida no pude hacer nada porque no tenía el valor de desafiarla ni a ella ni a mi padre… pero ahora que siento que tengo ese valor, no puedo hacer nada porque no puedo arriesgarme a hacer enfadar a papá y que deshaga el compromiso… —susurró Marina, hablando para sí misma mientras se arrastraba miserablemente a su cama, sintiendo sus ojos arder con lágrimas que no pensaba derramar—. ¿Tendré que soportar más golpes y todo este dolor de Tania otra vez solo por miedo a arruinar mi plan? Y lo peor era que, incluso si así era, incluso si tenía que recibir horribles palizas de Tania, lo soportaría, porque lo más importante era

