Elena
Viernes — 7:30 a.m.
El sonido del despertador me hizo abrir los ojos con dificultad.
Tardé unos segundos en entender dónde estaba.
Luego lo sentí.
La garganta seca.
La cabeza pesada.
El cuerpo extraño.
Genial.
Resfriada.
Me senté en la cama y me froté la cara mientras escuchaba pasos en el pasillo.
Damon.
Siempre se despertaba antes que yo.
Me levanté, me envolví en una manta y bajé las escaleras lentamente.
Damon estaba en la cocina preparando café mientras revisaba su celular.
El aroma llenaba toda la casa.
Me apoyé en el marco de la puerta.
—No iré a clases hoy —dije con la voz ronca—. No me siento bien.
Damon levantó la mirada inmediatamente.
Me observó unos segundos.
—¿Estás enferma?
—Solo es un resfriado.
Carraspeé un poco.
Damon suspiró como si estuviera pensando en decir algo más… pero al final solo se encogió de hombros.
—Ya vas a comenzar a faltar a clases.
Negó con la cabeza.
—Bueno, es cosa tuya. Prefiero no meterme en tus asuntos.
Tomó su chaqueta del respaldo de la silla.
Antes de que saliera lo miré con una pequeña sonrisa.
—Por cierto… lindos polerones.
Damon rodó los ojos de inmediato.
—Ni lo menciones.
Caminó hacia la puerta.
—Nos vemos después.
La abrió.
—Y recuerda que hoy nos vamos de fiesta.
Parpadeé.
—¿Fiesta?
Pero Damon ya estaba saliendo.
—No llegues tarde.
La puerta se cerró.
Me quedé en silencio en la cocina.
Fiesta…
Entonces lo recordé.
La fiesta de Ashton Hall.
Genial.
Había olvidado completamente su cumpleaños.
Miré el reloj de la cocina.
Todavía era temprano.
Tal vez podría ir más tarde al centro comercial.
Comprar algo rápido.
Aunque… ni siquiera sabía qué le gustaba a Ash.
Suspiré.
Subí nuevamente a mi habitación y me dejé caer sobre la cama.
Solo cinco minutos más…
⸻
Elena
Viernes — 1:40 p.m.
Después de dormir varias horas, tomar una ducha caliente y comer algo, me sentía mucho mejor.
No perfecta.
Pero lo suficiente como para salir.
Tomé mi celular, mi mochila y bajé las escaleras.
La casa estaba vacía.
Perfecto.
Salí y caminé un par de calles hasta tomar un taxi.
Por suerte ya sabía llegar al centro comercial.
El lugar estaba lleno de gente.
Música de fondo.
Tiendas abiertas.
Grupos de adolescentes caminando de un lado a otro.
Caminé unos minutos sin rumbo pensando en qué comprar.
¿Un perfume?
¿Un reloj?
¿Algo divertido?
Suspiré.
No tenía idea.
—¡Hola!
La voz detrás de mí me hizo detenerme.
Me giré.
Y no pude evitar sonreír.
—Nick.
Nick Anderson estaba de pie detrás de mí con esa sonrisa relajada que parecía tener siempre.
—¿Perdida otra vez?
Solté una pequeña risa.
—No.
Levanté una de las bolsas vacías que llevaba.
—Vine a comprar algo para Ash.
Nick levantó las cejas.
—¿Para Ash?
Asentí.
—Hoy es su cumpleaños, ¿no?
—Sí.
Metió las manos en los bolsillos de su chaqueta.
—Yo también vine por lo mismo.
Sonreí.
—Perfecto.
Lo miré con alivio.
—Porque no tengo idea de qué comprar.
Nick hizo un gesto exagerado de preocupación.
—Eso es grave.
—¿Me ayudas?
Nick se encogió de hombros.
—Claro.
⸻
Elena
Caminamos por varias tiendas mientras Nick señalaba cosas al azar.
—Podrías comprarle una guitarra.
—No toca guitarra.
—Una espada.
Lo miré.
—No vive en la Edad Media.
Nick suspiró dramáticamente.
—Eres muy difícil.
Después de recorrer varias tiendas, encontré un reloj que me gustó.
Lo tomé y se lo mostré.
—¿Qué te parece?
Nick lo observó unos segundos.
—Es bonito.
Luego miró el precio.
—Pero también es muy caro.
Fruncí el ceño.
—¿No crees que le gustaría?
Nick se encogió de hombros.
—Tal vez… pero Ash no es mucho de usar relojes.
Suspiré.
—Entonces… ¿qué debería comprar?
Nick se quedó pensando unos segundos.
Luego chasqueó los dedos.
—Camisas.
—¿Camisas?
—Sí.
Se encogió de hombros.
—Siempre usa cuando salimos.
Recordé que tenía razón.
—Está bien.
Terminamos entrando a una tienda de ropa.
Después de probar varias opciones, elegí tres camisas estilo leñador.
Roja.
Azul.
Y verde.
Nick las observó.
—Creo que le gustarán.
—Eso espero.
Después de pagar, salimos de la tienda.
Nick señaló una heladería cercana.
—Helado.
Sonreí.
—Acepto.
⸻
Elena
Minutos después estábamos sentados en una mesa afuera de la heladería.
El aire fresco era agradable.
—Gracias por ayudarme —dije mientras probaba el helado.
Nick se encogió de hombros.
—No es nada.
Miró alrededor de la plaza.
De repente su expresión cambió.
—Genial —murmuró.
—¿Qué pasa?
Nick señaló discretamente hacia el otro lado de la plaza.
—Mi novia.
Seguí su mirada.
Una chica rubia estaba observándonos con una expresión bastante seria.
No pude evitar reír.
—Buena suerte con eso.
Nick suspiró.
—La voy a necesitar.
Nos levantamos y caminamos hacia el estacionamiento.
Nick miró las bolsas que llevaba.
—Te llevo a tu casa.
Lo miré sorprendida.
—¿En serio?
Señaló las bolsas.
—No voy a dejar que te pierdas en la ciudad con todo eso.
Solté una risa.
—Con lo despistada que soy, seguramente terminaría en otro estado.
Nick abrió su auto.
—Exactamente.
Subimos.
El motor arrancó suavemente.
Mientras salíamos del estacionamiento, Nick me miró de reojo.
—Por cierto…
—¿Sí?
—¿Vas a la fiesta esta noche?
Asentí.
—Damon me obligó.
Nick sonrió.
—Entonces será interesante.
Fruncí el ceño.
—¿Por qué?
Nick encogió los hombros con tranquilidad.
—Porque todos los Hunters estarán ahí.
Miré por la ventana.
Por alguna razón…
eso sonó más como una advertencia que como una invitación.
Y algo me decía que esa fiesta…
iba a cambiar muchas cosas.