Damián Ha pasado una semana y Olivia sigue evitándome, no ha contestado a mis llamadas, ni a mis mensajes; no quiere verme. Hace un rato llamé a su oficina, el licenciado Maxwell atendió el teléfono. “Buen día, Damián” —Buen día, licenciado, ¿puedo hablar con la señorita Olivia? “Ha sido muy insiste los últimos días, si es urgente lo que tiene que tratar, solo dígamelo” —Tengo que hablar con ella personalmente, no me lo tome a mal. “Debo infórmale que la señora Klein, no podrá atenderlo, ni en su oficina y por teléfono” —¿Por qué? “Decisiones indiscutibles de la señora Klein. Buen día”— corta la llamada. No me quedo conforme con ello y marco otra vez el teléfono, esta vez a su secretaria. —Buen día, Olga, ¿me recuerdas? Soy Damián. “Hola, Damián, ¿Qué sorpresa que llamaras? ¿En

