Secretos de Familia
Después de la tensión del día anterior, Ana decidió tomar un descanso por la tarde y visitar a su tía Rosa, la única familiar que quedaba en el pueblo. La casa de adobe con paredes blancas y ventanas de madera era exactamente como la recordaba.
“Mi niña”, dijo la tía Rosa al abrir la puerta, abrazándola con fuerza. “¡Cuánto has crecido!”
Mientras tomaban café y comían pan con queso, Ana le mostró la fotografía de la pieza de cerámica que habían encontrado. La tía Rosa se quedó mirando la imagen en silencio por varios minutos.
“Mi madre – tu bisabuela – tenía algo parecido”, dijo finalmente, levantándose con dificultad y dirigiéndose a un armario de madera viejo.
Sacó una caja de metal y la abrió con cuidado. Dentro había un collar de piedra tallada con los mismos dibujos de serpientes y flores que la pieza de cerámica.
“Me lo dio antes de morir”, explicó la tía Rosa. “Me dijo que era un tesoro de nuestra familia, que había que cuidarlo porque un día alguien vendría a buscar lo que pertenecía con él”.
Ana tomó el collar con manos temblorosas. Los dibujos eran idénticos. ¿Qué relación tenía su familia con el sitio arqueológico?
“¿Sabías algo más?” preguntó.
La tía Rosa negó con la cabeza. “Solo que nuestros antepasados no eran como los demás del pueblo. Decían que tenían un don para comunicarse con la tierra, que sabían dónde estaban los secretos enterrados”.
Mientras hablaban, escucharon un golpe en la puerta. Era Diego, quien llevaba consigo un mapa antiguo.
“Encontré esto en los archivos del ayuntamiento”, dijo, extendiendo el papel sobre la mesa. “Es un mapa del pueblo hecho hace más de doscientos años. Mira aquí – justo donde estamos excavando, pone ‘Lugar de las Huellas’”.
Ana miró el mapa, luego el collar, luego la fotografía de la pieza de cerámica. Todo estaba conectado, pero no entendía aún cómo.
“Mañana temprano volvemos al sitio”, dijo ella con determinación. “Tenemos que encontrar las respuestas”.