Capítulo 5

468 Words
La Reunión El día de la reunión del concejo, todo el pueblo parecía estar en la sala del ayuntamiento. Ana llegó temprano con su equipo, llevando las fotografías de los hallazgos y el collar que la tía Rosa le había mostrado. Diego estaba en la mesa principal, junto a los otros miembros del concejo. Su rostro mostraba la tensión que llevaba acumulada días enteros. “Comencemos”, dijo él, golpeando la mesa con su martillo. “El tema de hoy es la excavación en el cerro. Primero escucharemos al equipo arqueológico”. Ana se paró frente a todos y comenzó a hablar, mostrando las imágenes en una pantalla grande. “Lo que hemos encontrado en estos pocos días cambia todo lo que sabíamos sobre la historia de esta región. Las huellas que descubrimos son de hace más de dos mil años, y los objetos de cerámica y los collares pertenecen a una cultura que nadie conocía hasta ahora”. Mostró la imagen del collar de su tía Rosa junto al encontrado en el sitio. “Estos objetos demuestran que hay una conexión directa entre esta cultura antigua y algunas familias del pueblo – la nuestra”. Un murmullo recorrió la sala. El primo de Diego se levantó de golpe. “¿Y qué eso significa? Que vamos a dejar de construir el centro comercial que necesita el pueblo por unos huesos y piedras viejas?” “Es más que eso”, respondió Ana con calma. “Un sitio como este podría convertir a Santa Clara del Valle en un centro de investigación y turismo. Podríamos tener empleos, escuelas mejores, y al mismo tiempo cuidar nuestra historia”. Diego se puso de pie. “Yo he pensado mucho en esto. Mi abuela me dijo que la tierra no es cosa de nadie – es un legado que debemos cuidar para las generaciones venideras. Propongo que declaremos el cerro como área arqueológica protegida y trabajemos juntos para crear un proyecto que beneficie a todos”. Uno por uno, los miembros del concejo fueron expresando su opinión. Algunos seguían en contra, pero la mayoría se dejaron convencer por los hallazgos y la propuesta de Diego. Al final de la reunión, se votó a favor de proteger el sitio. Ana salió a la plaza principal, donde el sol comenzaba a ponerse sobre las calles de piedra. Diego se acercó a su lado. “Gracias”, dijo él. “No sabes lo mucho que significa esto para el pueblo”. “Para todos nosotros”, respondió Ana. “Ahora solo queda seguir excavando. Hay mucho más que descubrir”. Mientras miraban hacia el cerro, Ana sintió que las huellas del pasado comenzaban a dar forma al futuro de Santa Clara del Valle.
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