—Quiero hacerte entender lo que siento. Siempre me imagino tu mirada, cómo reaccionarías ante mis palabras —leía en voz baja. Cada segundo que pasaba, sentía cómo mi rostro se oscurecía.
Los ojos de Liang Xinqiao Wenlan recorrían las líneas mientras palidecía y se tapaba la boca con la mano.
—Esto es… repugnante —dijo. Incluso para una chica educada como ella, no pudo evitar soltar malas palabras.
—No sigas leyendo —ordené, pero mi voz sonó extraña, cargada de una rabia difícil de describir.
Aun así, ya había cogido otra hoja. Esta vez leyó en voz alta.
—Anoche soñé que tus lágrimas caían sobre mi rostro, sentirás toda la intensidad de mis palabras, todas las emociones que quiero transmitirte… —su voz tembló, y parecía a punto de vomitar.
—Eso es todo —rugí, arrancándole el papel de las manos. Por primera vez sentí cómo mi ser racional se resquebrajaba, devorado por la ira.
Analicé cada palabra, el trazo de la letra, todo. Incluso miré el reverso de la hoja. Estaba escrito a máquina. Un nombre destacaba con claridad, Yang Zeyan Lingyu.
Alcé lentamente la cabeza. Sentía mis ojos brillar con algo peligroso.
Una posibilidad surgió en mi mente, acompañada del error de cálculo que quizá había cometido.
—No puede ser él. Es… torpe, sí, pero no… no así —susurró Wenlan, con el rostro pálido. Sabía que él estaba enamorado de ella, pero aquello no encajaba con su personalidad.
—¿No? El hombre es un lobo, recuerda eso, hermana —bajé la voz hasta un tono amenazante.
—¿A dónde vas? —gritó, sujetándome del brazo.
—A darle una lección. Llama a la policía y cierra la puerta con llave —respondí con autoridad.
La casa de Yang Zeyan Lingyu estaba a solo seis calles. Mi cuerpo, entrenado hasta el límite, convirtió la distancia en nada. En menos de medio minuto ya estaba frente a la puerta de su modesta casa.
Sin vacilar, sin llamar al dueño, alcé el pie y lo estrellé contra la puerta. La madera se quebró con un estallido seco y se abrió de golpe. Miré a mi alrededor, comprobando que los padres de Yang Zeyan Lingyu no estaban dentro.
Pero Yang Zeyan Lingyu sí estaba en la sala. Al escuchar el fuerte ruido, se giró sobresaltado y su rostro mostró una sorpresa genuina.
—¿Qué demonios te pasa, Liang Wenxun Jirong? —preguntó, alarmado al ver la puerta destruida.
Entré con pasos tranquilos pero intimidantes y le lancé los papeles que llevaba en la mano.
—Aunque lo escribieras a máquina, dejaste tu nombre en las hojas —dije.
Miró los papeles. Tras leerlos, tardó varios segundos en reaccionar, como si su mente se negara a aceptar lo que veía.
—Yo no he escrito nada. Es una trampa —se defendió.
—Pensé que la amabas de verdad, pero parece que solo buscabas su cuerpo. Te descubrí a tiempo —respondí, sin darle espacio para discutir.
La confusión se disipó. Ambos entendimos que ninguno iba a ceder. Nos miramos fijamente, en silencio, con la tensión cargando el aire.
—Está bien —dijo finalmente, con voz tranquila, preparándose para pelear.
Ataqué primero.
Lancé una patada baja y brutal, directa a destrozarle la rodilla y terminar la pelea de un solo golpe.
Pero se deslizó hacia un lado. Mi pierna golpeó solo el aire y estuve a punto de perder el equilibrio.
—¿Qué planeas? —preguntó mientras retrocedía. Sabía que un solo golpe en el lugar equivocado sería el fin.
Me recuperé y cargué al frente, lanzando un golpe rápido al rostro. Giré el hombro, preparado para descargar un golpe fuerte al hígado si lograba esquivar el primero.
Bloqueó el ataque con la parte superior de su muñeca y esquivó el segundo inclinando el torso. Pude ver su respiración acelerada, su corazón latiendo tan rápido como el mío.
Contraatacó.
Tres golpes rápidos impactaron de lleno en mi abdomen.
El ataque fue efectivo. Con un sonido sordo, di varios pasos hacia atrás, sorprendido por su velocidad.
—Eres perfecto para trabajar como guardaespaldas. ¿Lo sabes, verdad? —dije mientras me recuperaba en un instante.
—Solo impactaron los golpes porque no me estabas tomando en serio —respondió Yang Zeyan Lingyu.
—Tienes razón —admití, como si el ataque no me hubiera afectado en lo más mínimo.
Corrí al frente, extendiendo los brazos para atraparlo. Yang Zeyan Lingyu retrocedió y, cuando su espalda tocó la pared, sonrió de una forma extraña.
—Jajaja —se rió, olvidando el miedo y disfrutando la situación.
Justo cuando estaba a punto de agarrarlo, usó la pared como soporte. Empujó con las piernas y pasó por debajo de mi mano, apareciendo a mi lado.
Usó el codo como un puñal y lo hundió en mi riñón. Retrocedí varios pasos, conteniendo el dolor.
—Esto se acaba aquí —dije, sabiendo que no debía alargar la pelea. Mi corazón latía a mil por hora, podía sentir la respiración agitada, con la sangre bombeándome en la cabeza.
Pero aun así, lo miré. Esta vez corrí hacia delante con todas mis fuerzas, sentí el viento golpeando mi rostro y lancé un golpe fuerte, uno que no esquivaría.
Yang Zeyan Lingyu pareció anticiparlo, detuvo con suma facilidad el ataque y me agarró el brazo por la muñeca. En mi campo de visión, su otra mano se formó en un puño, preparada para derribarme.
Pero lo ignoré. El impacto aterrizó directo en mi pecho. Aunque tenía experiencia en combates, esta vez el dolor fue tan intenso como para fruncir el ceño ligeramente.
Pero aun así, mi segundo ataque logró impactar. Mi rodilla chocó con fuerza contra su cuerpo y, mientras retrocedía, usé el impulso que gané para soltarme de su agarre y esta vez sujeté su brazo.
—¿Qué? —Yang Zeyan Lingyu, visiblemente confundido, trató de liberarse, pero no podía mover el m*****o atrapado.
Mis labios se curvaron en una sonrisa sarcástica. Apliqué fuerza con el brazo, mis muchos años de entrenamiento convirtieron mi cuerpo en algo superior.
El rostro de Yang Zeyan Lingyu se arrugó cuando sintió que los huesos de su extremidad parecían a punto de romperse. En su desesperación, me dio una patada baja.
La esquivé a tiempo, anticipando el movimiento, y me lancé otra vez. Sabía que no debía perder la iniciativa. Yang Zeyan Lingyu, sin preverlo, se protegió el rostro con los brazos.
Pero no importó. Moví los pies, usando toda mi fuerza, e hice un barrido con facilidad, terminando con Yang Zeyan Lingyu debajo de mí.
Sin esperar eso, visiblemente molesto, trató de levantarse, pero ya estaba encima de él. Levanté mis manos con fuerza y, usando todo mi poder, las bajé sobre su rostro.
El fuerte impacto causó que su conciencia se desvaneciera. Cerró los ojos, visiblemente desconcertado.
—Hermano.
Esa voz resonó en medio de la habitación. Parecía que mi hermana había llegado en un momento inoportuno. Me miré la ropa manchada de sangre y a Yang Zeyan Lingyu desmayado.
Por un momento pude notar un rastro de miedo en el rostro de mi hermana. Al verlo, mi mente se aclaró, liberándose de las cadenas de la ira.
Lo entiendo, fui manipulado. Yo, que siempre estaba por encima de los demás, caí en algo simple. Es molesto.
—Despierta, Yang Zeyan Lingyu —dije mientras lo levantaba, aplicándole primeros auxilios.
Se despertó mientras miraba a su alrededor. Me calmé al instante, miré la puerta destruida y la mesa tirada en el suelo. Parecía que, durante nuestra pelea, algunas cosas habían sido derribadas.
Si esto fue planeado por alguien, entonces...
Se escucharon las sirenas de la patrulla de policía. Sentí que mi corazón podía detenerse en cualquier momento.
Pero me calmé con facilidad. Al mirar a mi hermana asustada, se me ocurrió una excusa y me serene mientras se escuchaban unos pasos en la entrada de la casa.
Miré al invitado no esperado. Se trataba de una mujer muy hermosa, casi sacada de un cuadro. Pero su rostro inexpresivo desprendía un aura de autoridad.
—¿Pasó algo, chicos? Recibimos una llamada de un vecino preocupado —comentó la misteriosa mujer, pero yo me estaba riendo por dentro.
No recibiste una llamada de la mente maestra para entrar aquí y arrestarnos.
—Oficial, unas personas entraron a la casa y trataron de llevarse varias cosas, pero logramos detenerlos a tiempo —respondí, mirando a Yang Zeyan Lingyu, que estaba desconcertado. Él solo podía asentir con la mirada.
La mujer observó a mi hermana, que en ese momento estaba pálida y bajaba la vista. Su cuerpo temblaba ligeramente, ya fuera por miedo o por algo más.
—Entiendo, vengan conmigo. Enviaré a alguien para investigar la casa —indicó la misteriosa mujer mientras nos llevaba hacia una patrulla de policía.
Esto no parece el procedimiento apropiado para este tipo de casos. Probablemente algo está ocurriendo, o simplemente esta mujer es demasiado responsable como para preocuparse más por nuestra situación que por el proceso.
—Tranquila, todo está bien —dije con calma, tratando de tranquilizar a mi hermana.
Miré a través de la ventanilla de la patrulla. Afortunadamente, parecía que de verdad nos estaba llevando a la comisaría.
Deseché la idea de saltar del vehículo. Aunque sería problemático hacerlo, era mucho mejor que atacar a esta mujer misteriosa.
La observé con atención. Parecía delicada y llena de autoridad, pero algo me decía que era muy peligrosa. Probablemente podría igualarme en una pelea.
Lo cual encuentro fascinante.
Si ella no estaba bajo el control de la mente maestra.
Entonces yo…